Nació un lunes y moría cada miércoles por la mañana

Nació un lunes y moría cada miércoles por la mañana. Con los pies fríos y las manos pálidas, todas las mañanas bebía un café para calentar su nariz roja y empañar sus gafas por el vaho del cálido café sobre la helada mañana. Susurraba música ligera de fondo, no importa qué escuchara, siempre sonaba igual: un murmullo como las olas en el mar, un runrún que siempre aparecía a las siete y cuarenta y tres  con el pelo mojado después de una húmeda y templada lluvia, y terminaba a las ocho y doce, con una cadencia de pasos rápidos, de golpes en el suelo y un portazo en la puerta, seguido de tres pasos y medio para alcanzar el ascensor y correr, más bien huir, de aquel sitio que le veía amanecer para llegar al lugar donde le veían atardecer, hasta que sus ojos aullaban al Sol para que marchara para poder dejar en el piso olor madera, color hogar, de una habitación cuadrada pero con apariencia redonda, un cojín, sobre un libro, sobre unas gafas empañadas por el vaho de las cálidas historias sobre el frío invierno. Y soñar. Y levantarse con los ojos empañados por culpa de los sueños bonitos sobre la gélida realidad. Y aun así sonreír y amanecer. Y volver a empezar una vez más.


Comentarios

  1. Respuestas
    1. Gracias por pasarte, vuelve siempre que quieras, bienvenida a mis avenidas, callejuelas y rincones de palabras! ;-)

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  2. Q grande eres me encantan tus palabras

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    1. Vaya sorpresa... Gracias por hacerme llegar el memsaje y me alegro mucho que te encanten Ishtar. ¡Un abrazo enorme!

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  3. Q grande eres me encantan tus palabras

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