Himno a la alegría

Entre el estreno de la novena sinfonía de Beethoven y tu voz existe una separación temporal de unos 172 años, varios millones de personas que intentaron crear una obra maestra llena de decenas de efervescentes sensaciones y otros ciento de miles que creyeron haberlo logrado, con sus respectivos asombros y miradas incrédulas, por no conseguir que el resto se lo crean.
Entre todo esos años, intentos fallidos y demás: tú. Que un día decidiste nacer llorando para vivir riendo y soñando. Y sin quererlo superar a esa novena sinfonía. Superarla, reducirla y simplificarla a una simple sonrisa. A unos buenos días, a unos abrazos por la tarde, y quién sabe de besos por la noche. Tú; himno a la alegría de cada mortal que te ha visto amar.

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