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Mostrando entradas de septiembre, 2015

Himno a la alegría

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Entre el estreno de la novena sinfonía de Beethoven y tu voz existe una separación temporal de unos 172 años, varios millones de personas que intentaron crear una obra maestra llena de decenas de efervescentes sensaciones y otros ciento de miles que creyeron haberlo logrado, con sus respectivos asombros y miradas incrédulas, por no conseguir que el resto se lo crean.
Entre todo esos años, intentos fallidos y demás: tú. Que un día decidiste nacer llorando para vivir riendo y soñando. Y sin quererlo superar a esa novena sinfonía. Superarla, reducirla y simplificarla a una simple sonrisa. A unos buenos días, a unos abrazos por la tarde, y quién sabe de besos por la noche. Tú; himno a la alegría de cada mortal que te ha visto amar.

Nació un lunes y moría cada miércoles por la mañana

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Nació un lunes y moría cada miércoles por la mañana. Con los pies fríos y las manos pálidas, todas las mañanas bebía un café para calentar su nariz roja y empañar sus gafas por el vaho del cálido café sobre la helada mañana. Susurraba música ligera de fondo, no importa qué escuchara, siempre sonaba igual: un murmullo como las olas en el mar, un runrún que siempre aparecía a las siete y cuarenta y tres  con el pelo mojado después de una húmeda y templada lluvia, y terminaba a las ocho y doce, con una cadencia de pasos rápidos, de golpes en el suelo y un portazo en la puerta, seguido de tres pasos y medio para alcanzar el ascensor y correr, más bien huir, de aquel sitio que le veía amanecer para llegar al lugar donde le veían atardecer, hasta que sus ojos aullaban al Sol para que marchara para poder dejar en el piso olor madera, color hogar, de una habitación cuadrada pero con apariencia redonda, un cojín, sobre un libro, sobre unas gafas empañadas por el vaho de las cálidas historias s…