Ciao, agosto!

Se va agosto. Con él, el ruido de los turismos, las camisas de palmeras, las chanclas y el atardecer cuando buena parte de Europa ya está en pijama. Se marcha el olor a crema de Sol y el aire es abordado por olores cálidos de un café amargo a media noche, con chaqueta fina para derretir los últimos suspiros del verano.
Se va agosto, emigra el verano y todo eso que tenga que ver y de repente, las olas y los peces vuelven a caminar con la misma tranquilidad que antes. Las gaviotas regresan a su territorio que temporalmente fue invadido por unas sombrillas caprichosas, y el atardecer ahora que nadie le ve, estremece al cielo con disparos de colores anaranjados y rojizos, como si los turistas le hubieran ruborizado todo este tiempo.
Y todo gira igual que antes pero con una velocidad vertiginosa. Lenta y vertiginosa velocidad que con ironía, hace agotar la luz del Sol antes, los rayos pierden su fuerza y el viento se hace dueño de la ciudad. El mar enfurece cada vez más y sus brazos golpean la bahía, se adueña de las playas, de su arena, de sus cristalinas. El cielo se entristece con lentitud hasta decaer en escalas de grises azulados, haciendo parecer que toca un blues con su amigo Mar, improvisando sobre nubes sostenidas y  olas bemoles que desencadenan en una tristeza tan bonita que B.B. King, Robert Johnson y Ray Charles lloran por no ser creación suya.
Y se esfuma. Se esfuma agosto, y los turistas dejan de lado los paraísos cálidos que van enfriando, huyen y éstos, cada vez más tristes, más grises, más rojos y anaranjados y sobre todo, mucho más bonitos. Renace la esencia.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

No se ponga celoso, Horacio

La mujer galaxia