Antecedente mortal.


Miró hacia el cielo y vio que no estaba solo; dos buitres le seguían la estela dibujando infinitos imaginarios sobre su cabeza. Él, perplejo pero sin gesticular demasiado, solo esperó que no fuera un presagio ni una premonición absurda de la vida. Y que acabase todo cuanto antes.
Caminaba despacio por aquella eterna carretera que exclusivamente el horizonte era capaz de alcanzar a ver su final. Si es que lo tenía...

El árido paisaje no era lo suficiente desierto comparado con su boca, el sudor se hacía nube y la tormenta se descargaba en sus ojos. "En dónde diablos me he metido y qué carajo hago aquí." Se preguntaba, os preguntaréis; y ojalá alguien tuviera la respuesta. Sin embargo, cuando os cruzasteis con él, cuando vuestro querido pelo flotaba por el viento y la velocidad de un motor expuesto a la recta sin límites, pasó tan inadvertido, que ni siquiera transcurrió un segundo cuando dejasteis de pensar en él.
Pero, ¿sabéis lo mejor? Que yo también lo hice, ¿y por qué os cuento esto? Porque nuestra desconsideración se paga cara.
Siempre.


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