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Mostrando entradas de junio, 2015

Antecedente mortal.

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Miró hacia el cielo y vio que no estaba solo; dos buitres le seguían la estela dibujando infinitos imaginarios sobre su cabeza. Él, perplejo pero sin gesticular demasiado, solo esperó que no fuera un presagio ni una premonición absurda de la vida. Y que acabase todo cuanto antes.
Caminaba despacio por aquella eterna carretera que exclusivamente el horizonte era capaz de alcanzar a ver su final. Si es que lo tenía...

El árido paisaje no era lo suficiente desierto comparado con su boca, el sudor se hacía nube y la tormenta se descargaba en sus ojos. "En dónde diablos me he metido y qué carajo hago aquí." Se preguntaba, os preguntaréis; y ojalá alguien tuviera la respuesta. Sin embargo, cuando os cruzasteis con él, cuando vuestro querido pelo flotaba por el viento y la velocidad de un motor expuesto a la recta sin límites, pasó tan inadvertido, que ni siquiera transcurrió un segundo cuando dejasteis de pensar en él.
Pero, ¿sabéis lo mejor? Que yo también lo hice, ¿y por qué os…

Los monstruos se mueren besándolos

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No sé cómo empezar a escribir después de quinientos cuarenta y cuatro segundos y unos cuantos besos más, sintiendo tu sonrisa tan cerca de mí y antes haber naufragado días sí, noches también, por orillas infectadas de tiburones que no comían carne, pero sí devoraban las ilusiones y te hacían sentir un niño temeroso que no se atrevía a salir de su cama.
A menos que pueda ir abrazando a su peluchito. En ese caso, ni tiburones, ni tarascas, ni quimeras. El problema es cuando el peluche, o tus labios o tus brazos, se encuentran al otro lado del pasillo. Cuando la meta, es ese abrazo que necesitas en el camino. Pero sin embargo, el niño sin necesidad de crecer, da un golpe sobre sus miedos, les guiña un ojo, les dedica la sonrisa más pícara de todas ellas y como si fuesen globos en una cama de pinchos, se desinflan y desintegran. Tan solo era cuestión de sonrisa y meta clara. Por tus labios, tu abrazo o por ese peluchito: Todo.