Llueve y huye

Llovía fuerte y él solo quería salir y huir. Correr sin importar hacia dónde, mojarse con la lluvia, ahogarse en los charcos y detenerse en pasos de peatones para que los coches y sus prisas les arrojara jarrones de agua fría directa a sus pantalones y un poco a su alma también.

¿Y detenerse? ¿Cuándo? Cuando se sintiera lo suficiente mojado para que los labios húmedos, los de ella, parecieran secarlo por fuera y derretirlo por dentro.

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