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Mostrando entradas de abril, 2015

Llueve y huye

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Llovía fuerte y él solo quería salir y huir. Correr sin importar hacia dónde, mojarse con la lluvia, ahogarse en los charcos y detenerse en pasos de peatones para que los coches y sus prisas les arrojara jarrones de agua fría directa a sus pantalones y un poco a su alma también.

¿Y detenerse? ¿Cuándo? Cuando se sintiera lo suficiente mojado para que los labios húmedos, los de ella, parecieran secarlo por fuera y derretirlo por dentro.

La sonrisa de cristal

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Buscaba la felicidad por todas partes, incluso se perdió en ella misma en su desdicha. Allí, llovía fuerte, las nubes impedían ver bien y su sonrisa caía hacia abajo como los truenos caían hacia ella.
Incansable, al menos, seguía buscando y lloviendo a la vez. Creía, que su felicidad, o eso que hace mover montañas por culpa de una risa, que no de una fe, estaba en un lugar inalcanzable.
Y sin embargo, tan solo, tuvo que urgar en su bolsillo para darse cuenta que la felicidad sólo estaba en un sitio concreto y no en lugar ajeno. Tan solo, tuvo que mirar en las cosas más simples de su bolsillo; un espejo redondo, el cual poseía el tamaño perfecto para que su sonrisa encajara. Y se sonreía. Y miraba hacía adelante.
Y magia.


¿Cómo te atreves a opinar contracorriente?

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En España, cuando se habla de tradiciones, mitad de ésta intenta incendiarte y la otra mitad apagar el fuego. Y lo peor: que la mayoría de las veces, tanto una acción como la otra es impulsada por simple inercia; sin criterio – propio – alguno. Para qué.
«Porque así ha sido de toda la vida».
Y sigamos. Sigamos girando como una noria gira sobre sí misma. O sigamos intentando morder nuestra propia cola creyendo que ésta es enemiga y no compañía. Sigamos creyendo que estamos avanzando, cuando es solo el tiempo lo que se escapa mientras estamos sentados. Sigamos, amigo, sigamos.