El rey de su ignorancia

Se creía el rey del mundo y ni siquiera lo era de su ombligo. Medía metro y medio y era capaz de mirar a todos por encima del hombro. Jugaba con su risa sarcástica a fingir que sabía de todo. Hacía de las personas un minúsculo grano. Se regocijaba en su ego, cual cerdo en charco de barro.
Parecía intocable. Parecía impenetrable. Pero solo necesitó una frase de un niño pequeño para reducir su vida a simple mentira:
Mi maestra dice que todos los días se aprende algo nuevo y tú pareces más mayor que ella, así que habrás aprendido un montón de cosas, ¿a que sí?

Sin respuesta. Silencio rotundo.
  Para siempre.






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