De lunes que quería seguir siendo domingo

Siempre fuimos de domingo. De quedarnos a vivir en la cama o en cualquier lugar donde poder acurrucarnos entre nuestros brazos. De levantarnos tarde, de tener remordimientos por no hacer nada. De olvidarnos de éstos por los churros con chocolate.
Siempre fuimos de domingo, el día que te ponías más guapa. Para impresionar se utiliza vestidos con espaldas desnudas, tacones que hacen tender al infinito la altura y maquillajes que oculten nuestros rostros tan perfectamente imperfectos. Pero de ti, de tu ropa y tus vestidos, me quedo con tu pijama rosa terciopelo, con tus "hoy tengo pelos de loca" y las uñas recién pintadas de ese color con el que siempre coloreas mi espalda. Con la naturalidad que siempre tienes. Con la dulzura y la ternura de un pijama, y la pasimonia con la que el domingo se nos escapa entre los huecos de nuestras manos, siempre cálidas rozando nuestra piel. Y siempre, siempre, siempre, siempre, como gatos, como quien no espera nada de la vida salvo pasarla todo el tiempo posible acurrucados en cualquier esquina.

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