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Mostrando entradas de febrero, 2015

Sin saber hacia dónde, llegaba donde tenía que llegar

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Tenía un ojo puesto en el presente y otro en el futuro. Sentía la necesidad de ocultarse, dejarlo todo atrás y volver más tarde como si nada hubiera ocurrido. Siempre cansado de permanecer en un mismo sitio. Siempre en la búsqueda de ir calentando e iluminando a su paso. Sin una meta fija, corriendo como por instinto, estando en el momento indicado por error. Dejando atrás a montañas que dibujan curvas tristes en su despedida, coloreadas de amarillos y rojos y naranjas que rozan la poesía y tocan la perfección. Sin saber hacia dónde, llegaba donde tenía que llegar. Y se iba cuando tenía que irse. Siempre en el momento adecuado.
Imagen de Coral Nieto (@CoralBigSmile)
Más  fotos suyas en: https://flickr.com/#/photos/coraliuus/

Vete, pero quédate

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Ayer te vi pasear por las calles que pudieron ver cómo creamos el desastre tan bonito en el que nos metimos.
Y me dio igual. Porque sonreías a la vida, sola, como sin ayuda de nadie, como valiente, como fuerte. Sonreías porque sí y me hiciste sonreír porque .
Nos dijimos adiós. Pero hay algo que siempre querré tener cerca para saborearlo cuando a mí me falte;
Tu felicidad. Tu sonrisa. Y tu fuerza.
Vete, pero quédate donde pueda ver lo poco que decidimos dejarnos puesto el uno del otro: esa sonrisa con la que siempre despertábamos al vernos.

Cuando callas sin callarte

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Me miras sin mirarme y me tocas sin hacerlo. Tu silencio me grita que calle, tu ruido me susurra que grite. Que no me conforme con poco, porque "mucho" sigue siendo ridículo para lo que merezco. Que cante sin preocuparme, que me mire al espejo, que me mime y diga la mitad de las cosas bonitas que tu boca me dice sin decirlo. 
Me gusta cuando callas, porque sin palabras, ni gestos ni miradas, me sabes decir todo sin decir nada. Me gusta, cuando callas, porque es así cuando me besas sin hacerlo, cuando me ayudas sin quererlo y me quieres sin prejuicio. Al natural. 
Al punto de ti.



Tic, tac, tic, tac...

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. Me veo obligado a dar una explicación de esta entrada. Nace a partir de la siguiente banda sonora (nada que ver con la película, pues no la he visto). Cada párrafo tiene marcado el minuto y el segundo a los que corresponde del vídeo... Simplemente me dejé llevar por la música y fui soltando palabras a diestro y siniestro. No le busquéis sentido. Buscadle emociones Ahora sí... Disfrutad. ;)



Tic, tac, tic, tac...    Tic, tac, tic, tac...       Tic, tac, tic, tac...

(0:20) A veces no nos damos cuenta de cómo transcurre el tiempo. Sin embargo, en otras circunstancias, cada milésima de segundo recorre todo nuestro sistema nervioso, y lo golpea. Golpea nuestro cerebro, hasta exasperarnos. 
Tic, tac, tic, tac...
   Tic, tac, tic, tac...       Tic, tac, tic, tac...
(0:50) En el silencio retumba nuestras pulsaciones. Estamos a escasos metros, segundos, de lograrlo. Tenemos en nuestras manos cambiar todo. Los segundos parecen acelerarse, aumentan su fuerza en nosotros. Nos sumergimos en los malditos…

San Valentín se fue

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Se fue San Valentín. Me demostraste, cariño, todo lo que puedes darme y un poquito más. Me demostraste, que no se necesita regalo, que estamos enamorados pero que el día de los enamorados es algo tan repugnante que es mejor huir, reírse de esas cenas de mierda, de esos ramos decadentes, de esos regalos a última hora en cualquier tienda de pacotilla para que su santa esposa se quede tranquila.

El amor es otra cosa, joder. Y lo digo con tacos, con palabras malsonantes y libertad, porque al final, el amor es eso. Una cuerda que une pero que no maltrata, que deja ser, sin impedir volar, si no que hace volar más alto. Que no ama más por ser día de no sé qué carajo inventen.

Tú, me demostraste que amar puede empezar en un paseo y acabar entre tus labios tus brazos o tu pecho. Tú, me demostraste que una mirada puede enganchar, como obligándote a verla el máximo de tiempo posible.

San Valentín se fue. Pero aquí estoy, escribiéndote una carta de amor, o algo así. Porque tú, también me demostraste…

De azules tristes y destructores y tu amarillo constructor

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Es de noche. La habitación está fría y oscura. Un sonido que quiere asemejarse a la voz de una tenor, reivindica su espacio en mi cama. Con su sobrio carácter se penetra en mis sábanas y con su cálida sonoridad caldean y enternecen la habitación, dejando en segundo plano la oscuridad.
La melodía tienta las sábanas, busca a alguien que no soy yo, pero no la encuentra. De repente, sin previo aviso, en un cambio súbito de emociones, mancha las sábanas y un poquito mi pecho también, de un azul triste y apagado que me hace recordar el lado vacío de mi cama. Pero la melodía, revoltosa, con ganas de jugar conmigo y jugársela a todo o nada, continúa. Sus frases cada vez se alargan más. Un larguísimo pasaje con un gradual crescendo desemboca en una furia que convierte el azul en morado, y más tarde en un rojo furia, fuego, infierno, que acabaría apagándose en un amarillo intenso, brillante y esperanzador. Y se escucha la puerta. Y aquí está ya. 
Y de repente, todo iluminado en la más oscura habi…

De lunes que quería seguir siendo domingo

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Siempre fuimos de domingo. De quedarnos a vivir en la cama o en cualquier lugar donde poder acurrucarnos entre nuestros brazos. De levantarnos tarde, de tener remordimientos por no hacer nada. De olvidarnos de éstos por los churros con chocolate.
Siempre fuimos de domingo, el día que te ponías más guapa. Para impresionar se utiliza vestidos con espaldas desnudas, tacones que hacen tender al infinito la altura y maquillajes que oculten nuestros rostros tan perfectamente imperfectos. Pero de ti, de tu ropa y tus vestidos, me quedo con tu pijama rosa terciopelo, con tus "hoy tengo pelos de loca" y las uñas recién pintadas de ese color con el que siempre coloreas mi espalda. Con la naturalidad que siempre tienes. Con la dulzura y la ternura de un pijama, y la pasimonia con la que el domingo se nos escapa entre los huecos de nuestras manos, siempre cálidas rozando nuestra piel. Y siempre, siempre, siempre, siempre, como gatos, como quien no espera nada de la vida salvo pasarla t…

El rey de su ignorancia

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Se creía el rey del mundo y ni siquiera lo era de su ombligo. Medía metro y medio y era capaz de mirar a todos por encima del hombro. Jugaba con su risa sarcástica a fingir que sabía de todo. Hacía de las personas un minúsculo grano. Se regocijaba en su ego, cual cerdo en charco de barro.
Parecía intocable. Parecía impenetrable. Pero solo necesitó una frase de un niño pequeño para reducir su vida a simple mentira:
Mi maestra dice que todos los días se aprende algo nuevo y tú pareces más mayor que ella, así que habrás aprendido un montón de cosas, ¿a que sí?
Sin respuesta. Silencio rotundo.
  Para siempre.






Domingo en sepia

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Es domingo pero al Sol no le importa. Los rayos que se filtran por las cortinas apagan el contraste de blanco y negro de las teclas del piano, convirtiendo este día gris en uno sepia. Como triste pero sin estarlo.
Los pájaros cantan tímidos, desafinados, callados. No se escuchan los coches pasando, ni los niños jugando. Ni siquiera los perros ladran a los gatos. Nadie quiere romper el silencio de un domingo. Ni siquiera el piano.
Afinado en LA 440 besos que no me has dado, busco una melodía que aleje esas nubes que hacen modular este Sol mayor a un triste y fatal Sol menor. El viento, las hojas y tus abrazos golpean contra la ventana. Y me gritan, y me piden y suplican, que la abra, que convierta la melodía alegre en una locura que aumenta exponencialmente y termine en una bávara y estruendosa cadencia. 
Como esa tormenta que dejas cuando te vas y calmas cuando vuelves.