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Mostrando entradas de enero, 2015

La matemática de tus versos

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Últimamente me ha dado por escribir cuando te vas. En ese momento escribo el silencio con la certeza de que volverás para leerlo.
Allí, descubro los axiomas ocultos de tu matemática perfecta para desear que regreses con todas mis fuerzas.
El primer axioma es sencillo, puro e indiscutible. El primer axioma eres tú.
El segundo: un beso más o otro beso nunca serán dos; serán los metros que hay desde el punto donde estemos hasta la salida.
De pronuncionar "te quiero" no se obtiene como resultado una respuesta por compromiso; tiende hacía el axioma anterior.
"Quédate un poco más" tiende hacia toda la noche y "espero vernos pronto" hacia mañana. Soñar es igual que dormir a tu lado y del atardecer al amanecer hay cuarenta malditos textos como éste. Porque últimamente me ha dado por escribir cuando te vas.

Sobre música y mis dos piedras sobre ella

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Necesito lanzar dos piedras a frases y opiniones que escucho en mi día a día, y esta entrada va a ser elegida para ello.

 La música que tanto amaba Vivía enamorado de su música, que no de La música. Y esto creaba una ironía bella pero estruendosa. Elevaba su música a Dios, a Universo, a antídoto de todos los males. Sin embargo lo contrarrestaba con todo su odio hacia lo demás. Demasiado clásico. Demasiado moderno. Demasiado industrial.
Pensaba, y no le quiten la razón, que la música empleada para curarse, debía ser la Música que socorriera a todos. Creía que era única. Que era especial. Novedosa. Impredecible."Quizá sea la primera vez que lo escuches, pero aquí tienes toda libertad para crear tu música... Pero dentro de unas normas, claro." Pero dentro de unas normas. Pero dentro de unas normas. ¿Acaso la música clásica no te da la capacidad de crear libremente con unas pautas establecidas? ¿No pasa lo mismo con el pop? ¿El rock? ¿El flamenco?

 No me gusta ese tipo de música p…

Adiós, invierno. Adiós.

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Era una tarde de invierno y tú estabas empeñada en hacerla primavera. Tenía los pies fríos, el alma quebrada y el corazón helado. En mí, convivían dagas de hielo clavadas en el pecho; sangraba amor, pero tú tenías remedio. No usaste agua oxigenada, ni siquiera gasas, ni siquiera agua. Me abrazaste por la espalda para no clavarte mis dagas, que se fueron derritiendo gracias a tus manos infierno. Conjugaste todos los verbos en presente, en indicativo, en primera persona. Los enredaste en tu pelo y me hiciste perderme en él, atrapar los verbos, morderlos y hacer de tu presente mío también. Sin querer queriendo me había perdido yo pero te encontré a ti. Sin querer, queriendo, atrapaste mi invierno, plantaste semillas  en él y con flores y árboles y colores reventaste ese frío tétrico. Adiós, invierno. Adiós.

Esto va de tormentas y tu besos

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Tan solo éramos unos cómplices en esta tormenta, cariño. La lluvia, la nuestra, mojaba las calles, como nuestra piel se empapaba de besos. De efímeros besos que hacían desaparecer la niebla siniestra que envolvía mi insomnio. De efímeros besos y ráfagas de amor, de tu amor, de ese de terciopelo, del que te arropa, del que te viste de gala estando desnudo.
Después de la tormenta volvíamos a la calma. Como con anhelo de ésta, seguíamos besándonos, conmocionados, para no apagarla del todo. La tormenta, nuestro paraíso, cariño. Como el del águila es el cielo porque se siente libre, la tormenta era el nuestro. Porque nos dejábabamos llevar por la emoción, el viento, las corrientes, los truenos y todas esas explosiones que acababan en el mismo lugar. Sobre mi pecho; entre tus manos. ¿Sexo?
Más que eso.
(Palabras subrayadas, palabras que me han aportado mis seguidores de Twitter para escribir esta entrada: MIL GRACIAS)