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Mostrando entradas de 2015

La mujer galaxia

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Todas las noches desde su cama, con los pies fríos y la imaginación ardiendo, le gustaba cerrar los ojos para viajar por todos los planetas y con el dedo, señalar su destino para acampar en uno de ellos. Normalmente elegía el más frío para calentarse con su propio fuego, pero otras prefería irse lo más cerca posible del Sol para derretir esos miedos absurdos a la muerte y al mañana. Por eso, en la lucidez de una galaxia inventada, con límites geométricos y blancos imposibles, desterraba todo aquello que tuviera que ver con la oscuridad y el futuro. Parecerá una inocentada infantil terrible, pero todas las noches, desde su cama, con los pies fríos, calentaba su alma creando galaxias inventadas donde todos los planetas giraban a su alrededor.


Texto creado a partir de estas palabras sugeridas en mi cuenta de Twitter (@placerodio):  Planeta - @Flops96 Futuro y miedo - @Suspirosdehumo Destino - @TomasTSandoval Destierro y lucidez - @SaltoAmortal Cama y muerte - @SrCarlosmgv Imposible y creer - @…

Autorretrato

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Intento número quinientos treinta y cinco de este autoretrato: soy incapaz de conjugar todos los verbos en primera persona del singular y acabo hablándome a mí mismo en tercera persona.
 Nací un jueves trece de un invierno seguramente frío y será por eso que casi nunca necesito abrigo para cubrirme ni por fuera ni por dentro. Me entristezco fácil, se me olvida con más sencillez aún y lloro con la misma frecuencia que llueve en un desierto.
 Aun con muchos calcetines mojados por pisar charcos, unos cuantos años cumplidos, barba ya crecida y a veces dolor de espalda, sigo siendo un crío de mierda. De los que si cambian, seguramente sea para peor y aun así se alegran del cambio porque lo aman, de los que parecen haber aprendido la lección pero si les pierdes de vista, huyen para esconderse y preocupar a los demás sin ser consciente.
 Si choco y caigo, aprovecho para mirar las estrellas, observar lo bonito que es el mundo desde otra perspectiva y sonreír un poco. Porque si no, de qué. Y h…

Atardecer

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Mirando al mar, entre formas ondulantes y tiempo geométrico, yacía una canción en mi cabeza y más tarde en el pecho. El Sol rozaba al mar sin tocarlo, como un beso que quiso pero nunca fue. Unos pájaros nadaban en paralelo con el horizonte y los peces volaban a través del tiempo y no del espacio; una locura sin explicación, pero quién la necesita, si llega a donde quería llegar: la cadencia de esa canción que yacía en mi cabeza y más tarde, exactamente seis minutos treinta y un segundos, en el pecho. Mientras tanto las olas seguían balanceando el paisaje, el Sol se aproximaba más a los labios del mar y las nubes propiciaban el ambiente perfecto para morir viviendo. Mientras tanto, mirando hacia afuera pero observando hacia adentro, el mar dibujó la silueta de tus labios contra los míos y justo ese instante causó el desastre; seis efímeros minutos y treinta y un eternos segundos de un beso que quiso pero nunca fue.


La de gris color cielo

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Era gris color cielo y sin embargo, la única persona que sabía hacer sonreír, que no reír –la diferencia está en los ojos– sin pretenderlo. Era color gris cielo y su ropa rompía a veces con la escala de grises, otras las acompañaba hasta la última cadencia y la primera nota. Por dentro quién sabe cómo, quién sabe qué, se erigía la belleza más oscura y a la vez más colorida que se puede crear por un ser humano. Era un Monet, un poco locura Van Gogh, nada artificial Degas, menos  Renoir. Era todos esos e incluso otros tantos y a la vez ninguno. Era una ironía realzada con trazos sueltos grises, completada con azules y amarillos que hacían verdes impenetrables. Era gris. Gris color cielo.


Himno a la alegría

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Entre el estreno de la novena sinfonía de Beethoven y tu voz existe una separación temporal de unos 172 años, varios millones de personas que intentaron crear una obra maestra llena de decenas de efervescentes sensaciones y otros ciento de miles que creyeron haberlo logrado, con sus respectivos asombros y miradas incrédulas, por no conseguir que el resto se lo crean.
Entre todo esos años, intentos fallidos y demás: tú. Que un día decidiste nacer llorando para vivir riendo y soñando. Y sin quererlo superar a esa novena sinfonía. Superarla, reducirla y simplificarla a una simple sonrisa. A unos buenos días, a unos abrazos por la tarde, y quién sabe de besos por la noche. Tú; himno a la alegría de cada mortal que te ha visto amar.

Nació un lunes y moría cada miércoles por la mañana

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Nació un lunes y moría cada miércoles por la mañana. Con los pies fríos y las manos pálidas, todas las mañanas bebía un café para calentar su nariz roja y empañar sus gafas por el vaho del cálido café sobre la helada mañana. Susurraba música ligera de fondo, no importa qué escuchara, siempre sonaba igual: un murmullo como las olas en el mar, un runrún que siempre aparecía a las siete y cuarenta y tres  con el pelo mojado después de una húmeda y templada lluvia, y terminaba a las ocho y doce, con una cadencia de pasos rápidos, de golpes en el suelo y un portazo en la puerta, seguido de tres pasos y medio para alcanzar el ascensor y correr, más bien huir, de aquel sitio que le veía amanecer para llegar al lugar donde le veían atardecer, hasta que sus ojos aullaban al Sol para que marchara para poder dejar en el piso olor madera, color hogar, de una habitación cuadrada pero con apariencia redonda, un cojín, sobre un libro, sobre unas gafas empañadas por el vaho de las cálidas historias s…

Ciao, agosto!

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Se va agosto. Con él, el ruido de los turismos, las camisas de palmeras, las chanclas y el atardecer cuando buena parte de Europa ya está en pijama. Se marcha el olor a crema de Sol y el aire es abordado por olores cálidos de un café amargo a media noche, con chaqueta fina para derretir los últimos suspiros del verano.
Se va agosto, emigra el verano y todo eso que tenga que ver y de repente, las olas y los peces vuelven a caminar con la misma tranquilidad que antes. Las gaviotas regresan a su territorio que temporalmente fue invadido por unas sombrillas caprichosas, y el atardecer ahora que nadie le ve, estremece al cielo con disparos de colores anaranjados y rojizos, como si los turistas le hubieran ruborizado todo este tiempo.
Y todo gira igual que antes pero con una velocidad vertiginosa. Lenta y vertiginosa velocidad que con ironía, hace agotar la luz del Sol antes, los rayos pierden su fuerza y el viento se hace dueño de la ciudad. El mar enfurece cada vez más y sus brazos golpea…

Huele a libro

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Cuando entras en ella, lo primero que te llama la atención es su olor. Eso sin olvidarnos de cómo suena su maldita voz. Podría haber elegido millones de fragancias francesas de frascos pequeños para bolsillos grandes, sin embargo ella no se aproximaba ni lo más mínimo al arbitrario superficialismo. Su olor, su fragancia loca, era de libro viejo. De los que cuentan y, sin importar qué, te enredan. De los que te hacen volver a leerlo una y otra vez sin importar el final. ¿Y su voz? Su voz era rock. Rock de garito humoriento, de noche triste que solo las estrellas que iluminan los tejados son capaces de arrojar un poco de luz.
Exactamente así es ella: rock, noche, libro, humo y pintalabios color quiero perderme otra vez entre los tejados, tus páginas o tus labios.

No lo leas, seguro que a alguien se le ocurrió antes que a mí

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La crítica me obsesiona hasta tal punto que no puedo parar de darle vueltas, mirarla por detrás, por arriba y por debajo. Revolcarme, pelearme con ella e incluso besarla. Destruye lo que tenía claro, crea la duda, "la materia ni se crea ni se destruye", me siento oprimido por una verdad que no es la mía, dudo de mí, la inseguridad trasciende a un primer plano y me apetece solo destruir. Sin crear.
 Y sin embargo la busco a cada rato.
Pienso en la originalidad, ¿qué es la originalidad en el siglo XXI? Hiperrealismo y abstracción, empirismo y racionalismo, fantasía y hechos reales; Brahms y Liszt, Cortázar y Borges, Nietzsche y Kant.
¿Existe algo que no se haya escrito ya? ¿Existen ideas no escritas? ¿Filosofías? ¿Temáticas nuevas? ¿Radica la originalidad en el tema o en la prosa? Maldita sea, ¿se puede besar sin haber sido besado? ¿Se puede escribir sin saber leer? Los axiomas de los pensamientos, de la literatura, la historia o la filosofía, ¿acaso es posible escaparse de e…

Tú también, ¿verdad?

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de ella? ¿Qué soy yo, si no más que unos cuantos trazos de realidad realizados por la sociedad y mi pesadumbre por ella? ¿Acaso tú no te peinas así porque de la otra forma pareces demasiado "normal"? ¿Acaso no te condiciona ser así porque ser asá, es ser muy sociedad? ¿Acaso podemos escapar de ella? ¿Tú nunca juzgaste a un señor trajeado? ¿Pensaste que sería un revolucionario con unas ideas que cambiarían a este mundo? ¿O tal vez pensaste todo lo contrario? ¿Que será un tipo corriente que hace su trabajo por despecho y no por afecto, que nunca ha pensado sus actos, ni en el mundo que le rodea? Que es ese modelo perfecto que la sociedad está construyendo, ¿cierto? ¿Y de ese chico con cresta, qué pensaste? Un tipo alejado de esta sociedad, con ganas de cambiar el mundo, intentando romper prejuicios absurdos, ¿no es verdad? Resulta ser, que al final, absurda es nuestra cárcel inevitable de desechos, de prejuicios, de prototipos, de cánones inventados que creamos y destruimo…

Aquel imbécil

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Aquel imbécil solo era eso, un imbécil. Con metro ochenta y no sé cuántos ni me importa, mirada perdida y pelo que se resentía a crecer más, trataba de convencerse de que seguía viviendo. Pero esa sonrisa cuarteada, las enormes manos metidas en sus bolsillos y el ceño fruncido que si las cejas fuesen dos placas tectónicas, estarían al borde de un terremoto, indicaban más bien lo contrario. De hecho el ceño no, pero él sí, al borde de un terremoto y de un cataclismo que arrasaría con nada. Nada en absoluto. Y es ahí donde empezaba su problema, allá donde la nada se hacía ver.
Su vida comenzó con una sonrisa, cuatro sueños de esos que nunca se consiguen pero sin saber exactamente cómo, se logran. Y la avaricia, la suya, rompió su saco y el saco - de amor - de quienes lo rodeaban. Y sin vanidad alguna, con sonrisa rencorosa se marchó pensando que nadie era necesario salvo si se tenía a él. En parte estaba en lo cierto, quién es más importante que uno mismo. Y en parte se había sentenciad…

Antecedente mortal.

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Miró hacia el cielo y vio que no estaba solo; dos buitres le seguían la estela dibujando infinitos imaginarios sobre su cabeza. Él, perplejo pero sin gesticular demasiado, solo esperó que no fuera un presagio ni una premonición absurda de la vida. Y que acabase todo cuanto antes.
Caminaba despacio por aquella eterna carretera que exclusivamente el horizonte era capaz de alcanzar a ver su final. Si es que lo tenía...

El árido paisaje no era lo suficiente desierto comparado con su boca, el sudor se hacía nube y la tormenta se descargaba en sus ojos. "En dónde diablos me he metido y qué carajo hago aquí." Se preguntaba, os preguntaréis; y ojalá alguien tuviera la respuesta. Sin embargo, cuando os cruzasteis con él, cuando vuestro querido pelo flotaba por el viento y la velocidad de un motor expuesto a la recta sin límites, pasó tan inadvertido, que ni siquiera transcurrió un segundo cuando dejasteis de pensar en él.
Pero, ¿sabéis lo mejor? Que yo también lo hice, ¿y por qué os…

Los monstruos se mueren besándolos

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No sé cómo empezar a escribir después de quinientos cuarenta y cuatro segundos y unos cuantos besos más, sintiendo tu sonrisa tan cerca de mí y antes haber naufragado días sí, noches también, por orillas infectadas de tiburones que no comían carne, pero sí devoraban las ilusiones y te hacían sentir un niño temeroso que no se atrevía a salir de su cama.
A menos que pueda ir abrazando a su peluchito. En ese caso, ni tiburones, ni tarascas, ni quimeras. El problema es cuando el peluche, o tus labios o tus brazos, se encuentran al otro lado del pasillo. Cuando la meta, es ese abrazo que necesitas en el camino. Pero sin embargo, el niño sin necesidad de crecer, da un golpe sobre sus miedos, les guiña un ojo, les dedica la sonrisa más pícara de todas ellas y como si fuesen globos en una cama de pinchos, se desinflan y desintegran. Tan solo era cuestión de sonrisa y meta clara. Por tus labios, tu abrazo o por ese peluchito: Todo.

Maldita sonrisa la tuya

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Cantaban los pájaros, resonaban las campanas y sus pasos firmes pero frágiles seguían el ritmo pesante de estas. Miraba a las nubes y ellas lo miraban con esa mirada que no te desea la muerte, pero debe estar cerca de aquello.
 Y mirase donde mirase, solo veía caras de odio. De psicópatas que querían verlo caer una y otra vez y reírse en cada rasguño pequeño que se hiciera para hacerlo profundo e incurable.
Pero miraba a la luna, para encontrar consuelo en ella. Algo tan terrible, tan piadoso y malévolo debía tener a alguien maravilloso que contrarrestase su acérrimo odio. Al menos, algo le quedaba. Al menos, ante tanto mediocre y tan pocas excepciones, aún existía, alguien que se atrevía a sonreirle. Alguien que no creyera que es un monstruo. Que no se asusta cuando lo ve pasar, si no que espera quieta, sin detenerse nunca, esperando que vuelva a pasar, para regalarle lo mejor que le podía regalar en ese momento:
Una sonrisa de verdad.

Modo aleatorio

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Giraba y giraba un mundo que solo parecía detenerse cuando los relojes se disparaban. Pero qué puta puede ser la ironía a veces,
Y me encanta. Como me encanta la silueta que dibuja tu boca cuando me mira y sin tocarme,
Ya me está besando.
Como me besa tu boca cuando ya me está rozando y las metáforas dejan de serlo y tu boca me toca y tus labios se funden y yo, que cuándo parar. Y tú, que cómo parar.
Cómo parar, me preguntas sin darme oportunidad para responderte. Porque sabes que la mejor respuesta está en la silueta que puedo dibujar con mis labios sobre los tuyos. Y lo sabes. Y lo sé.
Como sé que no entenderás este texto.
Como este texto, entiende que no tiene sentido.
Y el sentido, me dice que esto es un buen momento para parar.
De escribir, que no de besar.
Besar.

Llueve y huye

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Llovía fuerte y él solo quería salir y huir. Correr sin importar hacia dónde, mojarse con la lluvia, ahogarse en los charcos y detenerse en pasos de peatones para que los coches y sus prisas les arrojara jarrones de agua fría directa a sus pantalones y un poco a su alma también.

¿Y detenerse? ¿Cuándo? Cuando se sintiera lo suficiente mojado para que los labios húmedos, los de ella, parecieran secarlo por fuera y derretirlo por dentro.

La sonrisa de cristal

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Buscaba la felicidad por todas partes, incluso se perdió en ella misma en su desdicha. Allí, llovía fuerte, las nubes impedían ver bien y su sonrisa caía hacia abajo como los truenos caían hacia ella.
Incansable, al menos, seguía buscando y lloviendo a la vez. Creía, que su felicidad, o eso que hace mover montañas por culpa de una risa, que no de una fe, estaba en un lugar inalcanzable.
Y sin embargo, tan solo, tuvo que urgar en su bolsillo para darse cuenta que la felicidad sólo estaba en un sitio concreto y no en lugar ajeno. Tan solo, tuvo que mirar en las cosas más simples de su bolsillo; un espejo redondo, el cual poseía el tamaño perfecto para que su sonrisa encajara. Y se sonreía. Y miraba hacía adelante.
Y magia.


¿Cómo te atreves a opinar contracorriente?

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En España, cuando se habla de tradiciones, mitad de ésta intenta incendiarte y la otra mitad apagar el fuego. Y lo peor: que la mayoría de las veces, tanto una acción como la otra es impulsada por simple inercia; sin criterio – propio – alguno. Para qué.
«Porque así ha sido de toda la vida».
Y sigamos. Sigamos girando como una noria gira sobre sí misma. O sigamos intentando morder nuestra propia cola creyendo que ésta es enemiga y no compañía. Sigamos creyendo que estamos avanzando, cuando es solo el tiempo lo que se escapa mientras estamos sentados. Sigamos, amigo, sigamos.

Quienes querían volar, ahora temen hacerlo.

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Se hicieron presos. Sin quererlo.
Les salieron alas y por miedo a huir, se ataron...


Imagen de Coral Nieto (@CoralBigSmile) Más  fotos suyas en: https://flickr.com/#/photos/coraliuus/

Sin saber hacia dónde, llegaba donde tenía que llegar

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Tenía un ojo puesto en el presente y otro en el futuro. Sentía la necesidad de ocultarse, dejarlo todo atrás y volver más tarde como si nada hubiera ocurrido. Siempre cansado de permanecer en un mismo sitio. Siempre en la búsqueda de ir calentando e iluminando a su paso. Sin una meta fija, corriendo como por instinto, estando en el momento indicado por error. Dejando atrás a montañas que dibujan curvas tristes en su despedida, coloreadas de amarillos y rojos y naranjas que rozan la poesía y tocan la perfección. Sin saber hacia dónde, llegaba donde tenía que llegar. Y se iba cuando tenía que irse. Siempre en el momento adecuado.
Imagen de Coral Nieto (@CoralBigSmile)
Más  fotos suyas en: https://flickr.com/#/photos/coraliuus/

Vete, pero quédate

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Ayer te vi pasear por las calles que pudieron ver cómo creamos el desastre tan bonito en el que nos metimos.
Y me dio igual. Porque sonreías a la vida, sola, como sin ayuda de nadie, como valiente, como fuerte. Sonreías porque sí y me hiciste sonreír porque .
Nos dijimos adiós. Pero hay algo que siempre querré tener cerca para saborearlo cuando a mí me falte;
Tu felicidad. Tu sonrisa. Y tu fuerza.
Vete, pero quédate donde pueda ver lo poco que decidimos dejarnos puesto el uno del otro: esa sonrisa con la que siempre despertábamos al vernos.

Cuando callas sin callarte

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Me miras sin mirarme y me tocas sin hacerlo. Tu silencio me grita que calle, tu ruido me susurra que grite. Que no me conforme con poco, porque "mucho" sigue siendo ridículo para lo que merezco. Que cante sin preocuparme, que me mire al espejo, que me mime y diga la mitad de las cosas bonitas que tu boca me dice sin decirlo. 
Me gusta cuando callas, porque sin palabras, ni gestos ni miradas, me sabes decir todo sin decir nada. Me gusta, cuando callas, porque es así cuando me besas sin hacerlo, cuando me ayudas sin quererlo y me quieres sin prejuicio. Al natural. 
Al punto de ti.



Tic, tac, tic, tac...

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. Me veo obligado a dar una explicación de esta entrada. Nace a partir de la siguiente banda sonora (nada que ver con la película, pues no la he visto). Cada párrafo tiene marcado el minuto y el segundo a los que corresponde del vídeo... Simplemente me dejé llevar por la música y fui soltando palabras a diestro y siniestro. No le busquéis sentido. Buscadle emociones Ahora sí... Disfrutad. ;)



Tic, tac, tic, tac...    Tic, tac, tic, tac...       Tic, tac, tic, tac...

(0:20) A veces no nos damos cuenta de cómo transcurre el tiempo. Sin embargo, en otras circunstancias, cada milésima de segundo recorre todo nuestro sistema nervioso, y lo golpea. Golpea nuestro cerebro, hasta exasperarnos. 
Tic, tac, tic, tac...
   Tic, tac, tic, tac...       Tic, tac, tic, tac...
(0:50) En el silencio retumba nuestras pulsaciones. Estamos a escasos metros, segundos, de lograrlo. Tenemos en nuestras manos cambiar todo. Los segundos parecen acelerarse, aumentan su fuerza en nosotros. Nos sumergimos en los malditos…

San Valentín se fue

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Se fue San Valentín. Me demostraste, cariño, todo lo que puedes darme y un poquito más. Me demostraste, que no se necesita regalo, que estamos enamorados pero que el día de los enamorados es algo tan repugnante que es mejor huir, reírse de esas cenas de mierda, de esos ramos decadentes, de esos regalos a última hora en cualquier tienda de pacotilla para que su santa esposa se quede tranquila.

El amor es otra cosa, joder. Y lo digo con tacos, con palabras malsonantes y libertad, porque al final, el amor es eso. Una cuerda que une pero que no maltrata, que deja ser, sin impedir volar, si no que hace volar más alto. Que no ama más por ser día de no sé qué carajo inventen.

Tú, me demostraste que amar puede empezar en un paseo y acabar entre tus labios tus brazos o tu pecho. Tú, me demostraste que una mirada puede enganchar, como obligándote a verla el máximo de tiempo posible.

San Valentín se fue. Pero aquí estoy, escribiéndote una carta de amor, o algo así. Porque tú, también me demostraste…

De azules tristes y destructores y tu amarillo constructor

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Es de noche. La habitación está fría y oscura. Un sonido que quiere asemejarse a la voz de una tenor, reivindica su espacio en mi cama. Con su sobrio carácter se penetra en mis sábanas y con su cálida sonoridad caldean y enternecen la habitación, dejando en segundo plano la oscuridad.
La melodía tienta las sábanas, busca a alguien que no soy yo, pero no la encuentra. De repente, sin previo aviso, en un cambio súbito de emociones, mancha las sábanas y un poquito mi pecho también, de un azul triste y apagado que me hace recordar el lado vacío de mi cama. Pero la melodía, revoltosa, con ganas de jugar conmigo y jugársela a todo o nada, continúa. Sus frases cada vez se alargan más. Un larguísimo pasaje con un gradual crescendo desemboca en una furia que convierte el azul en morado, y más tarde en un rojo furia, fuego, infierno, que acabaría apagándose en un amarillo intenso, brillante y esperanzador. Y se escucha la puerta. Y aquí está ya. 
Y de repente, todo iluminado en la más oscura habi…

De lunes que quería seguir siendo domingo

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Siempre fuimos de domingo. De quedarnos a vivir en la cama o en cualquier lugar donde poder acurrucarnos entre nuestros brazos. De levantarnos tarde, de tener remordimientos por no hacer nada. De olvidarnos de éstos por los churros con chocolate.
Siempre fuimos de domingo, el día que te ponías más guapa. Para impresionar se utiliza vestidos con espaldas desnudas, tacones que hacen tender al infinito la altura y maquillajes que oculten nuestros rostros tan perfectamente imperfectos. Pero de ti, de tu ropa y tus vestidos, me quedo con tu pijama rosa terciopelo, con tus "hoy tengo pelos de loca" y las uñas recién pintadas de ese color con el que siempre coloreas mi espalda. Con la naturalidad que siempre tienes. Con la dulzura y la ternura de un pijama, y la pasimonia con la que el domingo se nos escapa entre los huecos de nuestras manos, siempre cálidas rozando nuestra piel. Y siempre, siempre, siempre, siempre, como gatos, como quien no espera nada de la vida salvo pasarla t…

El rey de su ignorancia

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Se creía el rey del mundo y ni siquiera lo era de su ombligo. Medía metro y medio y era capaz de mirar a todos por encima del hombro. Jugaba con su risa sarcástica a fingir que sabía de todo. Hacía de las personas un minúsculo grano. Se regocijaba en su ego, cual cerdo en charco de barro.
Parecía intocable. Parecía impenetrable. Pero solo necesitó una frase de un niño pequeño para reducir su vida a simple mentira:
Mi maestra dice que todos los días se aprende algo nuevo y tú pareces más mayor que ella, así que habrás aprendido un montón de cosas, ¿a que sí?
Sin respuesta. Silencio rotundo.
  Para siempre.






Domingo en sepia

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Es domingo pero al Sol no le importa. Los rayos que se filtran por las cortinas apagan el contraste de blanco y negro de las teclas del piano, convirtiendo este día gris en uno sepia. Como triste pero sin estarlo.
Los pájaros cantan tímidos, desafinados, callados. No se escuchan los coches pasando, ni los niños jugando. Ni siquiera los perros ladran a los gatos. Nadie quiere romper el silencio de un domingo. Ni siquiera el piano.
Afinado en LA 440 besos que no me has dado, busco una melodía que aleje esas nubes que hacen modular este Sol mayor a un triste y fatal Sol menor. El viento, las hojas y tus abrazos golpean contra la ventana. Y me gritan, y me piden y suplican, que la abra, que convierta la melodía alegre en una locura que aumenta exponencialmente y termine en una bávara y estruendosa cadencia. 
Como esa tormenta que dejas cuando te vas y calmas cuando vuelves.

La matemática de tus versos

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Últimamente me ha dado por escribir cuando te vas. En ese momento escribo el silencio con la certeza de que volverás para leerlo.
Allí, descubro los axiomas ocultos de tu matemática perfecta para desear que regreses con todas mis fuerzas.
El primer axioma es sencillo, puro e indiscutible. El primer axioma eres tú.
El segundo: un beso más o otro beso nunca serán dos; serán los metros que hay desde el punto donde estemos hasta la salida.
De pronuncionar "te quiero" no se obtiene como resultado una respuesta por compromiso; tiende hacía el axioma anterior.
"Quédate un poco más" tiende hacia toda la noche y "espero vernos pronto" hacia mañana. Soñar es igual que dormir a tu lado y del atardecer al amanecer hay cuarenta malditos textos como éste. Porque últimamente me ha dado por escribir cuando te vas.

Sobre música y mis dos piedras sobre ella

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Necesito lanzar dos piedras a frases y opiniones que escucho en mi día a día, y esta entrada va a ser elegida para ello.

 La música que tanto amaba Vivía enamorado de su música, que no de La música. Y esto creaba una ironía bella pero estruendosa. Elevaba su música a Dios, a Universo, a antídoto de todos los males. Sin embargo lo contrarrestaba con todo su odio hacia lo demás. Demasiado clásico. Demasiado moderno. Demasiado industrial.
Pensaba, y no le quiten la razón, que la música empleada para curarse, debía ser la Música que socorriera a todos. Creía que era única. Que era especial. Novedosa. Impredecible."Quizá sea la primera vez que lo escuches, pero aquí tienes toda libertad para crear tu música... Pero dentro de unas normas, claro." Pero dentro de unas normas. Pero dentro de unas normas. ¿Acaso la música clásica no te da la capacidad de crear libremente con unas pautas establecidas? ¿No pasa lo mismo con el pop? ¿El rock? ¿El flamenco?

 No me gusta ese tipo de música p…

Adiós, invierno. Adiós.

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Era una tarde de invierno y tú estabas empeñada en hacerla primavera. Tenía los pies fríos, el alma quebrada y el corazón helado. En mí, convivían dagas de hielo clavadas en el pecho; sangraba amor, pero tú tenías remedio. No usaste agua oxigenada, ni siquiera gasas, ni siquiera agua. Me abrazaste por la espalda para no clavarte mis dagas, que se fueron derritiendo gracias a tus manos infierno. Conjugaste todos los verbos en presente, en indicativo, en primera persona. Los enredaste en tu pelo y me hiciste perderme en él, atrapar los verbos, morderlos y hacer de tu presente mío también. Sin querer queriendo me había perdido yo pero te encontré a ti. Sin querer, queriendo, atrapaste mi invierno, plantaste semillas  en él y con flores y árboles y colores reventaste ese frío tétrico. Adiós, invierno. Adiós.

Esto va de tormentas y tu besos

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Tan solo éramos unos cómplices en esta tormenta, cariño. La lluvia, la nuestra, mojaba las calles, como nuestra piel se empapaba de besos. De efímeros besos que hacían desaparecer la niebla siniestra que envolvía mi insomnio. De efímeros besos y ráfagas de amor, de tu amor, de ese de terciopelo, del que te arropa, del que te viste de gala estando desnudo.
Después de la tormenta volvíamos a la calma. Como con anhelo de ésta, seguíamos besándonos, conmocionados, para no apagarla del todo. La tormenta, nuestro paraíso, cariño. Como el del águila es el cielo porque se siente libre, la tormenta era el nuestro. Porque nos dejábabamos llevar por la emoción, el viento, las corrientes, los truenos y todas esas explosiones que acababan en el mismo lugar. Sobre mi pecho; entre tus manos. ¿Sexo?
Más que eso.
(Palabras subrayadas, palabras que me han aportado mis seguidores de Twitter para escribir esta entrada: MIL GRACIAS)