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Mostrando entradas de diciembre, 2014

La obra de tu vida

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Las notas hacen magnificar el paso del tiempo. No sé si esta mierda me alegra, me enfada o entristece. Entre nostalgia una lágrima puesta en el pasado aparece por lo que pasó. Pero al mismo tiempo una sonrisa rompe la lágrima, la descuartiza, la aniquila. Esa sonrisa eres tú, presente. Presente con feliz futuro, seguro. Y si no es así, ya jugaremos a ser magos para hacer de las cenizas un árbol.
Una garganta grita a versos callados lo que un cerebro sin corazón sabría contar.
Contar. Contamos los días que quedan, los amigos que tenemos. Incluso el amor. Hay quien dice que tiene más por tener gran cantidad, por tener grandes coches, mansiones en las que vivirían cuarenta familias. Cuarenta familias de esas que viven en la calle y no saben dónde dormir por culpa de un país que defiende la vida de una semilla, pero abusa de los que ya viven. Hasta asesinar sus sueños.
Y volvamos a lo de antes; tener más, es mucho más que eso. Al fin y al cabo, tener más es contar con menos. Sabiendo que…

La de la curva frágil

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Tenía una de esas sonrisas que se olvidan al cruzar la calle, mirar el móvil o las nubes. De esas tímidas. De esas que todos pueden prescindir de ella. Sin embargo, cuando tornas la esquina, despegas la mirada del móvil y contemplas el mundo que te rodea, queda un frío vacío  dentro de ti al no encontrar esa sonrisa. La sonrisa que te preguntabas por qué estaba ahí y por qué seguía y por qué, maldita sea, por qué carajo sonreía si solo compartíais esos segundos de reciprocidad. Y nada más...
... Y nada menos. Al final, cuando desaparece te haces ver que lo menos importante es tener respuesta a los porqués. Todos los días estaba dispuesta a regalar una sonrisa que seguía siendo sonrisa a pesar del cansancio, de la rutina y de esas cosas que se dicen en las historias de personas tristes que regalan felicidad. Y eso era lo importante. Que te regalaba la sonrisa. Porque sí. Porque podía. Porque sabía que no la ibas a olvidar. Porque sabía que ibas a cruzar todas las esquinas esperando qu…

El ladrón de palabras

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El ladrón de palabras existe. El verdadero, no actúa a conciencia. Ni siquiera es instinto, ni siquiera una acción voluntaria. Solo es él, su forma de vivir, sin circunstancia.
Y no es "el ladrón de palabras" para todos. No. Solo para algunos afortunados. Algunos afortunados que sin querer y sin darse cuenta, sus palabras empiezan a no ser tan suyas, sus historias se alejan de personajes de ficción y las emociones expresadas empiezan a tener el color del ladrón que roba sus palabras. Creando así, un sistema "ladroncéntrico", donde todas las palabras giran a su alrededor.
¿Los crímenes? Los crímenes dejan de ser crímenes si estos se hacen en verso o prosa.
El ladrón se encarga de robar las palabras; puede ser con tan solo una sonrisa o una mirada. O un "gracias", o un beso, o todos los "o" que puedas imaginarte. La víctima, afligida, hace su trabajo: escribe hipnotizada. Le escribe, mejor dicho. Le escribe al ladrón, y con ello: robado.
Seguram…