Sobre los estados de Whatsapp

Suena el despertador. Hoy retumba más fuerte y más temprano; maldito miércoles. Es como el punto de equilibro de la semana, donde todo lo bueno y todo lo malo se entremezcla, como el agrio café y el dulce azúcar se unen en esta maldita taza donde se lee I'm not a Wednesday person.
Pero de qué me voy a quejar, si mi mal no tiene cura. No tenía tiempo para tristeza absurda. Poco a poco, me recompongo, me desahogo gracias a la música que suena todos los miércoles por la mañana y a la frase que me resuena en mi interior: ningún sufrimiento es suficiente si desencadena felicidad.








Me lo tomo ligero, despeino mi pelo, me mimo la pereza y me visto del yo más puro que tenía en el armario; empieza una nueva etapa, y tengo que ir a por todas.
Sin lugar a dudas las nuevas etapas rejuvenecen a niños cansados de nadar a contracorriente, que creían ser viejos sin apenas haber pasado la primavera.
El problema de las etapas es que buscamos la que nos hará felices y sin embargo, preferimos permanecer momias en el tiempo por el miedo a lo desconocido. Miedo: excusa común, arma peligrosa, y enfermedad contagiosa que nos aleja de aquello que queríamos llegar a ser de pequeños.
También pensamos que la etapa ideal es aquella en la que encontramos el aliento del amor de muchas personas. ¿Pero quién necesita a alguien que aplauda sus paso si fielmente se creen en ellos?
  ¿Quién?

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