Música, magia, ternura

Terminaba la noche y con ella su música siniestra. Al fin iba a dejar todo atrás al entrar a mi habitación. Estaba oscura, pero cálida por una respiración plácida que se contagiaba. Esta música ya sonaba de otra manera.
Para llegar a la cama, tuve que sortear los cojines, la almohada y tu ropa. En el escritorio, apuntes y más apuntes, bolígrafos gastados, lágrimas pegadas.
Y entre todo este desastre en forma de habitación, allí estaba la cama, y sobre y ante todo, ella. Dormía en paz absoluta. Como si lo de alrededor le importase un carajo. Como si en su desorden tuviera un orden establecido, un cálido hogar recreado en un ambiente cargado de mil días de guerra por una noche de paz. Como si no necesitara nada más allá de un silencio quebrado por el ruido de la ciudad y una manta que cubra el frío, y con él sus miedos.
 Y al fin. Al fin música, magia y ternura. Al fin, se unieron para descansar en mi desastre, en forma de habitación.


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