Corre, no podrás huir

Siempre intentando huir. Evitamos los problemas corriendo, echando la vista a otro lado... ignorándolos. Creemos que así los perdemos de vista. Creemos que así, los problemas se esfuman, se quedan atrás... quedan solucionados. Al tiempo, miramos atrás y no los vemos. Por un instante pensamos que ha funcionado huir. Que de verdad están lo suficientemente atrás para no verlos.
Pero se nos olvida algo importante: mirar hacia delante. En ese preciso instante es cuando entendemos por qué no los habíamos visto. Seguían a nuestro lado. Delante de nuestros ojos, o dentro de ellos. En cada paso que dábamos, en cada zancada, en cada salto o en cada vuelo. Ellos, los problemas, siempre cogiéndonos de la mano. Y nosotros, ilusos, creyendo estar huyendo de ellos. Y nosotros, ilusos, al final lo único que nos queda son ellos. 

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