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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Antisistema (escrito en pasado, pensado en presente)

Jugábamos a ser rebeldes, nos creíamos los antisistema. Todos nos miraban mal, como si fuéramos de otro planeta. Como si vivir en eterna protesta fuera sinónimo de oler mal, de apestar. Pero, ¿sabe cuál fue el problema? Que crecimos. Que entendimos que la clave para vivir de una forma segura y apacible es responder lo que quieren oír, o callar cuando no quieren escuchar. 

Pero ahora, sinceros, hemos descubierto que, somos nosotros, aquellos señores que nos catalogaban como la escoria de la ciudad por romper un maldito y simbólico contenedor de basura.

Nosotros, antes, cabreados. Ahora, adiestrados. Perteneciendo a la parte que hace caso. La que oye pero no escucha para no salir de su burbuja. La que es sorda porque quiere, porque le da la gana, porque es feliz, en su ignorancia.

También, comprendimos que nos equivocamos. Que los antisistema no éramos nosotros, los que protestaban, los que gritaban y algunas veces pegaban patadas a una papelera. No. El antisistema se encontraba gobernando…

¿Va todo bien ahí afuera?

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¿Va todo bien ahí afuera? Lo digo por los niños llorando a mamá para que le compren una consola nueva. Esos niños dormidos que ya no pueden imaginar que una caja es una nave espacial, que la cama es un búnker anti-todo, y los palos de madera un arma letal para luchar contra el "enemiguísimo" más enemigo que jamás ha existido, creado por la inocente y poderosa imaginación.
Lo digo por las esquinas en las que antes solo se observaba la soledad de la ciudad, pero que ahora son habitadas por la cara marginal de ésta. La que todos quieren ocultar, ignorar y creer que no existe.
Lo digo por las casas que la naturaleza está derrumbando, vengándose de los parásitos que vieron unas bonitas villas en las laderas más vírgenes del lugar.

Lo digo por los perros aullando a las farolas porque no alcanzan a ver la luna. Por los gatos que ya no arriesgan y prefieren morir con las dudas. Por la gente gritando pensando que así llevan más razón. Por las caras largas. Por las luciérnagas apagadas, …

Corre, no podrás huir

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Siempre intentando huir. Evitamos los problemas corriendo, echando la vista a otro lado... ignorándolos. Creemos que así los perdemos de vista. Creemos que así, los problemas se esfuman, se quedan atrás... quedan solucionados. Al tiempo, miramos atrás y no los vemos. Por un instante pensamos que ha funcionado huir. Que de verdad están lo suficientemente atrás para no verlos.
Pero se nos olvida algo importante: mirar hacia delante. En ese preciso instante es cuando entendemos por qué no los habíamos visto. Seguían a nuestro lado. Delante de nuestros ojos, o dentro de ellos. En cada paso que dábamos, en cada zancada, en cada salto o en cada vuelo. Ellos, los problemas, siempre cogiéndonos de la mano. Y nosotros, ilusos, creyendo estar huyendo de ellos. Y nosotros, ilusos, al final lo único que nos queda son ellos.