Espero que sepas contarme bien

Al volver se encontró el libro abierto sobre la mesa. Aquello solo podía significar una cosa: su sentencia estaba escrita allí. Asustado, temeroso, se acercó al dichosos libro. Una nota al pie de página, y una frase subrayada con un corrector que quemaba los ojos, y más tarde también el corazón.

«La vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.» 

Espero que sepas contarme bien.

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