La primavera empieza en marzo y acaba al filo de tus dedos

Dicen que la primavera ha vuelto. Que la naturaleza se viste de colores por las flores, por los pájaros cantando, por los días de Sol. La primavera, que ha vuelto. Por los paseos sin paraguas, sin botas. Por los chaquetones en el armario, las camisetas cortas y las gafas de sol.
Qué duro debe ser cuando se va, ¿no? Quiero decir; la primavera empieza en marzo, claro. Pero al filo de tus dedos es cuando acaba, para mí. En mi primavera hace frío, llueve, e incluso nieva. Pero eso no es lo importante. No. Mi primavera derrota las tormentas, las ventiscas, los rayos, los truenos. Todo.  Porque mi primavera es en sí misma catastrófica, caótica, desastrosa.Un terremoto. Uno pequeño, pero con fuerza suficiente para derrumbar todo a su paso. Haciendo temblar todo lo que a ella le hace tambalearse.
Y llora. Sí. A veces la primavera se cansa de ser primavera y necesita regar. Regar sus flores, sus jardines, sus colores. Para que brillen con más fuerza. Para hacerla más invencible. Más bonita. Más insostenible. Más perfecta.

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