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Mostrando entradas de marzo, 2014

La primavera empieza en marzo y acaba al filo de tus dedos

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Dicen que la primavera ha vuelto. Que la naturaleza se viste de colores por las flores, por los pájaros cantando, por los días de Sol. La primavera, que ha vuelto. Por los paseos sin paraguas, sin botas. Por los chaquetones en el armario, las camisetas cortas y las gafas de sol.
Qué duro debe ser cuando se va, ¿no? Quiero decir; la primavera empieza en marzo, claro. Pero al filo de tus dedos es cuando acaba, para mí. En mi primavera hace frío, llueve, e incluso nieva. Pero eso no es lo importante. No. Mi primavera derrota las tormentas, las ventiscas, los rayos, los truenos. Todo.  Porque mi primavera es en sí misma catastrófica, caótica, desastrosa.Un terremoto. Uno pequeño, pero con fuerza suficiente para derrumbar todo a su paso. Haciendo temblar todo lo que a ella le hace tambalearse.
Y llora. Sí. A veces la primavera se cansa de ser primavera y necesita regar. Regar sus flores, sus jardines, sus colores. Para que brillen con más fuerza. Para hacerla más invencible. Más bonita. Má…

Sin título

Decepcionarse. Lo que más duele es que tú seas el decepcionado, y que la razón seas tú mismo. Decepcionas. Decepciono. ¿Me perdonas? ¿Me perdono? ¿Qué es más importante?, ¿estar perdonado o sentirse perdonado?
Dime, ¿qué es más importante? ¿Poder dormir tranquilo durante tres horas u ocho con los nervios a flor de piel?
¿Qué es más importante? ¿Estar perdonado, o sentirse perdonado? Son dudas que nunca deberíamos tener.

No me queda nada

Son las doce de la madrugada, no me queda nada. Naufrago por las calles de la ciudad, teñidas de misterio a causa de una luna llena que los lobos aullarían por ella. De dónde vengo, hacia dónde voy. No me queda nada.Resoplo. El aire resopla, me lo devuelve con una brisa que congela el alma.
No me queda nada. Tan solo soy yo, ni siquiera mi circunstancia. Paso una esquina tras otra creyendo que será la última esquina que pase, pero todas las esquinas pasaron.
Exacto, no me queda nada. Ni siquiera ilusión para seguir creyendo que en la siguiente esquina estará mi salvación. Cruzo una calle más, veo otra esquina. No merecerá la pena, me dije.
Y pasan los años y aún recuerdo esa oportunidad que dejé atrás. ¿Puede que fuese una esquina más? Puede. Pero como el comienzo de nuestra existencia, poco se sabrá con exactitud. Y eso es de lo único que me arrepiento. De no intentar darle la vuelta a todas las esquinas que pude.