¿Recuerdas?

Jugábamos a los médicos en la esquina del patio del colegio para que la maestra no nos pillara. Teníamos cinco años, y nos estábamos dando clase de anatomía humana. Si fuéramos gatos, ya habríamos muerto por curiosos. Pero felices, joder, muy felices.
Tú me cogías de la mano, supongo que por puro instinto. Yo, sin saber mucho por qué, me dejaba. Quizá fue por esa sonrisa que te sacaba cada vez que lo hacía, quizá, solo quizá. Era solo un trocito de carne andante, quién sabe lo que llegaba a pensar.
Recuerdo que todos los niños se reían de mí; ya saben, las niñas son cosa rara a esa edad: les gustan el rosa, la purpurina, las mariposas y jugar a mamás y papás. Un rollo. ¿A que ?, ¿A que ?
Pero yo me atreví a ser tu conejillo de indias, y no había algo mejor que hacer en ese momento para perder el tiempo. Nos dábamos la mano, me dabas un beso. ¿Qué es eso? No sé, he visto que mamá y papá lo hacen. Me decías guapo, mi rubio preferido, me acariciabas el pelo como mi mamá lo hacía. Yo me dejaba, yo me dejaba, no sabía muy bien qué pasaba. Jugábamos a ser grandes. A ser las estrellas del patio del recreo. Y lo eramos, creeme que lo eramos.
Ay, el recreo. Allí te construí castillos preciosos. Arena fina, ni una sola piedrita. Ya sabes, el castillo que todo niño sueña con hacer algún día. En primera línea del cajón de arena, donde ningún matón pudiera derribarlo. Y a ti te gustaba tanto... Nunca me dabas las gracias, pero a esa edad no las necesitas. Una sonrisa, un golpe en el brazo, eso era estar agradecido.
¿Y sabes? Nunca supe cómo llamarte. Eras mi mejor amiga, o algo más que no sabía cómo decirlo. Eras como una mamá en pequeñito. Como una manta calentita en la que me refugiaba cuando los monstruos de día salían a la calle. Como un peluche, como un juguete. No sé, tenías todo lo que necesitaba. Y eras una niña muy guapa.
O eso decía mi mamá.

Comentarios

  1. qué fácil es todo cuando eres pequeño. luego crecemos y nos complicamos la vida, irremediablemente.

    me gustó mucho esta historia, tan real y detallada.

    un saludo.

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  2. Sí. Cuanto más mayores somos, nuestra racionalidad se va transformando en irracionalidad. Ironía, supongo.

    Muchas gracias por molestarse en leerla. Me hacen el día más feliz estas cosas.
    Un saludo.

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