Lo que dejamos en el aire

Pasan los días, y solo recuerdo con cierto sabor amargo las cosas que dejé a medias. Como ese café que solté por llegar tarde, ese atardecer que no terminé de ver por la manía de ir corriendo y no andando, o esa mirada que decía a mis labios que te besara. Y la dejé escapar. Normal, solo había aprendido a leer letras en aquel entonces.
Recuerdo el día que aprendí a leer entre líneas, entre miradas, cuando alguien me dijo todo, y yo solo vi palabras bonitas y sonrisas sinceras, una buena amiga, me decía a mí mismo.
Inocente.
Y como siempre, cuando aprendí, ya era demasiado tarde. Estábamos igual de cerca, aunque un poco ausentes, y con las miradas en otro sitio. Habíamos perdido la oportunidad, no se podía volver atrás. Ni queríamos. Eramos bien felices. Como ahora. O eso es lo que me dice tu mirada alegre.
Oye, y quién sabe, quizá sea esa mirada de aquel lugar, con esa canción en azul sostenido menor de la que hablé antes, la que dejé escapar. Quién sabe.
Y a quién le importa.

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