Colega, vayámonos de aquí


Sonaba Bruce Springteen en la radio. Hacía viento, estaba nublado. O no sé si era el ciego que tenía lo que emborronaba mi vista. No había bebido nada, pero ese amor me dejó con la resaca del siglo. Colega, vayámonos de aquí, le decía a mi compañero, que más que persona era un cuerpo andante que no sabía dónde meterse; tal como yo. Estábamos destrozados. 
Teníamos un coche, dos corazones rotos y nada que perder. Había llegado el momento de perdernos nosotros, de dejar la gomina y que sea el viento quien nos amolde el pelo. De colgarnos de cualquiera, de ser dos perros perdidos que no buscan nada porque lo perdieron todo, pero que a la vez buscan un todo que ahora mismo, no sabrían definirlo.
El problema es, que hasta para perderse, se necesita saber hacia dónde perderse y lo que quieres encontrar. Pero nosotros habíamos decidido otra cosa. Habíamos decidido que seamos lo que buscan los demás, que nos apunten en la cabeza quien quiera que nos quedemos. Que nos disparen si quieren, seremos invulnerables. Aunque frágiles, como cristales. Nos haremos los duros, pero caeremos, y nos romperemos de nuevo. 
Y otra vez la misma historia, y otra vez volver a empezar. Y otra vez, colega, vayámonos de aquí. Y otra vez, perdidos. Y encontrados, y disparados.
Y rotos. 
Como cristales.
Colega, vayámonos de aquí,
le repetía.

Comentarios

  1. La vida....un comenzar continuo; romperse , kebrarse... volverse a reconstruir....perderse y volver a encontrarse

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  2. No podría haber resumido mejor lo que quiero expresar con este texto. Cambio continuo, esperanza, ilusión; cicatrices, grietas; sonrisas, alegría; y vuelta a empezar.

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