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Mostrando entradas de febrero, 2014

Dispara

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Tenía el Sol justo en frente. Lo abrazaba, me achicharraba. ¿Y qué? Nunca había sentido su calor tan cerca. Y estaba nublado, pero era la mañana más soleada de la historia. De verdad. No sé de qué la conocía, ni si quiera estaba seguro de cómo llegué a estar tan cerca. Solo sabía que estaba muerto. Exactamente así resumiría ese día. Fue, el día que reviví muriendo.
Y recuerdo cómo morí. O mejor dicho, cómo me mató. Recuerdo, que una mirada le bastó para dispararme, pero lo soporté, le di el honor de rematarme. Y lo hizo. Pudo matarme en mi curva favorita.
  Su sonrisa.

A mí la noche me confunde

Un día más: te despido, me despido. Sin miradas, sin besos. Con ilusión, con tristeza, con amor. Pero solo eso, palabras. Ante la falta de miradas, de besos, de abrazos, de caricias en la espalda y de esas razones que hacen de la vida bonita, clic: música.
¿Quién tuvo la brillante idea? Me dirijo a mi cuarto, a través de un pasillo oscuro, frío, callado. Como una garganta áspera esperando una gota de agua. Una garganta que desemboca en mi cama. Y la música, me reconforta con su voz:  <<y joder qué guarrada, sin ti>>. Miro al vacío, literalmente. Lo puedo ver, palpar. Esta cama es la pura evidencia de que un paraíso puede dejar de ser paraíso si le quitas un granito de arena.
En este caso, el granito tiene derecho a omitir su diminutivo. Pero no os creáis que es muy grande, el diminutivo se lo quito por cortesía. Nada más. Pues tiene la proporción exacta para que mis brazos puedan abrazarla, esconderla, y  aún así, quedar un trocito de espacio para sus sueños.
Y bien, ¿co…

Colega, vayámonos de aquí

Sonaba Bruce Springteen en la radio. Hacía viento, estaba nublado. O no sé si era el ciego que tenía lo que emborronaba mi vista. No había bebido nada, pero ese amor me dejó con la resaca del siglo. Colega, vayámonos de aquí, le decía a mi compañero, que más que persona era un cuerpo andante que no sabía dónde meterse; tal como yo. Estábamos destrozados.  Teníamos un coche, dos corazones rotos y nada que perder. Había llegado el momento de perdernos nosotros, de dejar la gomina y que sea el viento quien nos amolde el pelo. De colgarnos de cualquiera, de ser dos perros perdidos que no buscan nada porque lo perdieron todo, pero que a la vez buscan un todo que ahora mismo, no sabrían definirlo. El problema es, que hasta para perderse, se necesita saber hacia dónde perderse y lo que quieres encontrar. Pero nosotros habíamos decidido otra cosa. Habíamos decidido que seamos lo que buscan los demás, que nos apunten en la cabeza quien quiera que nos quedemos. Que nos disparen si quieren, ser…

La que llegaba tarde

Estaba destinada a llegar tarde. Siempre. Estaba destinada a ser la última de la cola del supermercado, la última en enterarse de la previsión del tiempo. Pero había aprendido a reírse de ella misma. De su gran desastre animal.  Y claro, estaba acostumbrada a mojarse, pero sabía convivir con ello. Con la tormenta, con la lluvia, con los días raros. A qué iba a temer, ¿a unas gotitas de agua?, ¿ella?, ¿la misma que se enfrenta a sus monstruos día a día y los convierte en compañeros de viaje? No le hagan reír.
O pensándolo mejor, háganlo. Si no lo hace ella antes con sus tonterías, con sus canciones, o con su propia sonrisa. Ella, ya sabéis, la que llega siempre tarde. La que sin querer o queriendo la encuentras al rodear la manzana. Y te alegra. Y sonríes. Y sonríe. Pero dejas que se vaya, esperando, que algún día, llegue y se quede, aunque sea para tomarse un café, de esos que le gustan tanto; calentito, amargo, acompañado de la cita celebre del sobrecito de azúcar. Y tarde, como sie…

¿Qué es lo que más te gusta de la música?

¿Qué es lo que más te gusta de la música? Me preguntaron. Me bastaba con poner una canción de mi reproductor y decir: esto. Más vale cinco segundos de plena música que cien mil palabras.
¿Qué es lo que más me gusta de la música? ¿Por dónde podría empezar? Y lo que más me corroe: cuándo podría acabar.
Después de meditarlo concienzudamente, decidí empezar por donde empiezo todos los días: la cama.
Es por la mañana. Un pájaro comienza a colorear de cálidos colores la húmeda madrugada. Se escucha una alarma. Es la quinta sinfonía de Beethoven. No sé si levantarme y darme una ducha, o vestirme, salir de casa dando un portazo, y conquistar el mundo. Aunque mi cuerpo sigue recordándome a Mecano: hoy no me puedo levantar.

   ¿Qué hago?

Iré a darme una ducha. La mejor sala de conciertos de la casa. Qué maravilla. ¿Es Pavarotti quien se está duchando? No me insulte. Es música en extremo puro: improvisación, bostezo, gallo. Qué más da, qué más da, eres Freddie Mercury, eres John Lennon, eres …

¿Recuerdas?

Jugábamos a los médicos en la esquina del patio del colegio para que la maestra no nos pillara. Teníamos cinco años, y nos estábamos dando clase de anatomía humana. Si fuéramos gatos, ya habríamos muerto por curiosos. Pero felices, joder, muy felices.
Tú me cogías de la mano, supongo que por puro instinto. Yo, sin saber mucho por qué, me dejaba. Quizá fue por esa sonrisa que te sacaba cada vez que lo hacía, quizá, solo quizá. Era solo un trocito de carne andante, quién sabe lo que llegaba a pensar.
Recuerdo que todos los niños se reían de mí; ya saben, las niñas son cosa rara a esa edad: les gustan el rosa, la purpurina, las mariposas y jugar a mamás y papás. Un rollo. ¿A que?, ¿A que?
Pero yo me atreví a ser tu conejillo de indias, y no había algo mejor que hacer en ese momento para perder el tiempo. Nos dábamos la mano, me dabas un beso. ¿Qué es eso? No sé, he visto que mamá y papá lo hacen. Me decías guapo, mirubiopreferido, me acariciabas el pelo como mi mamá lo hacía. Yo me …

No se ponga celoso, Horacio

Oh, Maga. Tú, que hacías magia sin creer en ella. Tú, que me hacías volar sin alas. ¿Dónde te escondes ahora? Mi brújula señala el norte, pero no me orienta hacia ti. Naufrago desde que desapareciste a orillas de una soledad fría, tétrica. Amarga. ¿Y el cielo? ¿Y las estrellas? ¿Por qué no te orientas a través de ellas? Maga, qué es cielo, qué son estrellas, si no encuentro mi Estrella Polar: Tú. Por ello, sin ti, me siento perdido. Y te echo de menos. Y por eso te escribo. ¿Dónde está el cafecito que calienta nuestro invierno? ¿Dónde están esos pies fríos que buscan un cálido nido? ¿Y los días soleados? ¿Y las flores? Maga, dónde está la primavera, los abrazos, los besos que colorean el oscuro invierno. Te fuiste, y te llevaste el único pedacito de mi vida que consideraba Vida. Es de noche. Mientras te escribo llueve afuera, y un poquito también adentro. Llueve por ti, Maga. Hasta la cama nota tu ausencia. Y me pregunta, Maga. Y me pregunta dónde carajo se ha metido la Maga que hacía …

Lo que dejamos en el aire

Pasan los días, y solo recuerdo con cierto sabor amargo las cosas que dejé a medias. Como ese café que solté por llegar tarde, ese atardecer que no terminé de ver por la manía de ir corriendo y no andando, o esa mirada que decía a mis labios que te besara. Y la dejé escapar. Normal, solo había aprendido a leer letras en aquel entonces.
Recuerdo el día que aprendí a leer entre líneas, entre miradas, cuando alguien me dijo todo, y yo solo vi palabras bonitas y sonrisas sinceras, una buenaamiga, me decía a mí mismo.
Inocente.
Y como siempre, cuando aprendí, ya era demasiado tarde. Estábamos igual de cerca, aunque un poco ausentes, y con las miradas en otro sitio. Habíamos perdido la oportunidad, no se podía volver atrás. Ni queríamos. Eramos bien felices. Como ahora. O eso es lo que me dice tu mirada alegre.
Oye, y quién sabe, quizá sea esa mirada de aquel lugar, con esa canción en azul sostenido menor de la que hablé antes, la que dejé escapar. Quién sabe.
Y a quién le importa.

No sé. Estoy jodido

Un mes y no sé cuantos días sin escribir.  Aunque no sé para qué he vuelto, ni de qué hablar(me) exactamente. No sé si hablar de la música aburrida que suena de fondo, de ese blues apagado, de esa voz en azul sostenido menor que entristece a los payasos; no sé. No sé si de las manos frías, de las bocas calientes o del aire tan seco que emerge de una ventana abierta tan húmeda. No sé si de las estrellas que hacen al cielo más cielo o de las que acercan la tierra al cielo. No sé si de las colillas que piso al caminar o de los cigarrillos que me topo al pasar. Cigarrillos rozando bocas que envejecen por puro vicio. Humo que enrojecen a ojos que ven, pero que no sienten.
No sé si hablar de todas las miradas que pasaron y que se podrían haber quedado esa noche. No sé si de las miradas, de la mirada, de la que me hizo perder los nervios, de la que no quería escapar pero a la vez estaba huyendo. De la que quizá no vuelva a ver como esa noche. Esa noche tan azul sostenido menor, y esa mirada…