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Mostrando entradas de 2014

La obra de tu vida

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Las notas hacen magnificar el paso del tiempo. No sé si esta mierda me alegra, me enfada o entristece. Entre nostalgia una lágrima puesta en el pasado aparece por lo que pasó. Pero al mismo tiempo una sonrisa rompe la lágrima, la descuartiza, la aniquila. Esa sonrisa eres tú, presente. Presente con feliz futuro, seguro. Y si no es así, ya jugaremos a ser magos para hacer de las cenizas un árbol.
Una garganta grita a versos callados lo que un cerebro sin corazón sabría contar.
Contar. Contamos los días que quedan, los amigos que tenemos. Incluso el amor. Hay quien dice que tiene más por tener gran cantidad, por tener grandes coches, mansiones en las que vivirían cuarenta familias. Cuarenta familias de esas que viven en la calle y no saben dónde dormir por culpa de un país que defiende la vida de una semilla, pero abusa de los que ya viven. Hasta asesinar sus sueños.
Y volvamos a lo de antes; tener más, es mucho más que eso. Al fin y al cabo, tener más es contar con menos. Sabiendo que…

La de la curva frágil

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Tenía una de esas sonrisas que se olvidan al cruzar la calle, mirar el móvil o las nubes. De esas tímidas. De esas que todos pueden prescindir de ella. Sin embargo, cuando tornas la esquina, despegas la mirada del móvil y contemplas el mundo que te rodea, queda un frío vacío  dentro de ti al no encontrar esa sonrisa. La sonrisa que te preguntabas por qué estaba ahí y por qué seguía y por qué, maldita sea, por qué carajo sonreía si solo compartíais esos segundos de reciprocidad. Y nada más...
... Y nada menos. Al final, cuando desaparece te haces ver que lo menos importante es tener respuesta a los porqués. Todos los días estaba dispuesta a regalar una sonrisa que seguía siendo sonrisa a pesar del cansancio, de la rutina y de esas cosas que se dicen en las historias de personas tristes que regalan felicidad. Y eso era lo importante. Que te regalaba la sonrisa. Porque sí. Porque podía. Porque sabía que no la ibas a olvidar. Porque sabía que ibas a cruzar todas las esquinas esperando qu…

El ladrón de palabras

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El ladrón de palabras existe. El verdadero, no actúa a conciencia. Ni siquiera es instinto, ni siquiera una acción voluntaria. Solo es él, su forma de vivir, sin circunstancia.
Y no es "el ladrón de palabras" para todos. No. Solo para algunos afortunados. Algunos afortunados que sin querer y sin darse cuenta, sus palabras empiezan a no ser tan suyas, sus historias se alejan de personajes de ficción y las emociones expresadas empiezan a tener el color del ladrón que roba sus palabras. Creando así, un sistema "ladroncéntrico", donde todas las palabras giran a su alrededor.
¿Los crímenes? Los crímenes dejan de ser crímenes si estos se hacen en verso o prosa.
El ladrón se encarga de robar las palabras; puede ser con tan solo una sonrisa o una mirada. O un "gracias", o un beso, o todos los "o" que puedas imaginarte. La víctima, afligida, hace su trabajo: escribe hipnotizada. Le escribe, mejor dicho. Le escribe al ladrón, y con ello: robado.
Seguram…

Sobre los estados de Whatsapp

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Suena el despertador. Hoy retumba más fuerte y más temprano; maldito miércoles. Es como el punto de equilibro de la semana, donde todo lo bueno y todo lo malo se entremezcla, como el agrio café y el dulce azúcar se unen en esta maldita taza donde se lee I'm not a Wednesday person.
Pero de qué me voy a quejar, si mi mal no tiene cura. No tenía tiempo para tristeza absurda. Poco a poco, me recompongo, me desahogo gracias a la música que suena todos los miércoles por la mañana y a la frase que me resuena en mi interior: ningún sufrimiento es suficiente si desencadena felicidad.








Me lo tomo ligero, despeino mi pelo, me mimo la pereza y me visto del yo más puro que tenía en el armario; empieza una nueva etapa, y tengo que ir a por todas.
Sin lugar a dudas las nuevas etapas rejuvenecen a niños cansados de nadar a contracorriente, que creían ser viejos sin apenas haber pasado la primavera.
El problema de las etapas es que buscamos la que nos hará felices y sin embargo, preferimos permanecer…

El camino que creía ser meta. (y la meta que nunca lo fue)

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Aviso al lector: los términos empleados aquí no son objetivos ni exactos. La ignorancia es palpable a simple vista. Por favor, no juzguen mis palabras por mi incultura en el mundo financiero, empresarial y todo eso que no le importaría eliminar a un ser vivo si en ese hueco que deja en la Tierra lo pudieran rellenar con dinero. (Y disculpen también esta maldita generalización).
¿Soy quien me gustaría haber sido? ¿Soy lo que me conviene teniendo en cuenta mis habilidades para dar lo máximo de mí? Si se responde a la primera pregunta, ¿se da por hecho cuál va a ser la respuesta de la segunda?  ¿Dónde se encuentra la felicidad? ¿Dónde está la satisfacción plena respecto a nosotros? ¿En lo que nos gustaría? ¿En lo que nos convendría ser? Y si quieres ser lo que te gustaría, ¿es realmente lo que te gusta? ¿O solo es un sueño alimentado por la sociedad que considera éxito la fama y el dinero? ¿O es un sueño perdido de tus padres, los cuales vieron en ti una segunda oportunidad? ¿O es la en…

Música, magia, ternura

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Terminaba la noche y con ella su música siniestra. Al fin iba a dejar todo atrás al entrar a mi habitación. Estaba oscura, pero cálida por una respiración plácida que se contagiaba. Esta música ya sonaba de otra manera.
Para llegar a la cama, tuve que sortear los cojines, la almohada y tu ropa. En el escritorio, apuntes y más apuntes, bolígrafos gastados, lágrimas pegadas.
Y entre todo este desastre en forma de habitación, allí estaba la cama, y sobre y ante todo, ella. Dormía en paz absoluta. Como si lo de alrededor le importase un carajo. Como si en su desorden tuviera un orden establecido, un cálido hogar recreado en un ambiente cargado de mil días de guerra por una noche de paz. Como si no necesitara nada más allá de un silencio quebrado por el ruido de la ciudad y una manta que cubra el frío, y con él sus miedos.
 Y al fin. Al fin música, magia y ternura. Al fin, se unieron para descansar en mi desastre, en forma de habitación.


Antisistema (escrito en pasado, pensado en presente)

Jugábamos a ser rebeldes, nos creíamos los antisistema. Todos nos miraban mal, como si fuéramos de otro planeta. Como si vivir en eterna protesta fuera sinónimo de oler mal, de apestar. Pero, ¿sabe cuál fue el problema? Que crecimos. Que entendimos que la clave para vivir de una forma segura y apacible es responder lo que quieren oír, o callar cuando no quieren escuchar. 

Pero ahora, sinceros, hemos descubierto que, somos nosotros, aquellos señores que nos catalogaban como la escoria de la ciudad por romper un maldito y simbólico contenedor de basura.

Nosotros, antes, cabreados. Ahora, adiestrados. Perteneciendo a la parte que hace caso. La que oye pero no escucha para no salir de su burbuja. La que es sorda porque quiere, porque le da la gana, porque es feliz, en su ignorancia.

También, comprendimos que nos equivocamos. Que los antisistema no éramos nosotros, los que protestaban, los que gritaban y algunas veces pegaban patadas a una papelera. No. El antisistema se encontraba gobernando…

¿Va todo bien ahí afuera?

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¿Va todo bien ahí afuera? Lo digo por los niños llorando a mamá para que le compren una consola nueva. Esos niños dormidos que ya no pueden imaginar que una caja es una nave espacial, que la cama es un búnker anti-todo, y los palos de madera un arma letal para luchar contra el "enemiguísimo" más enemigo que jamás ha existido, creado por la inocente y poderosa imaginación.
Lo digo por las esquinas en las que antes solo se observaba la soledad de la ciudad, pero que ahora son habitadas por la cara marginal de ésta. La que todos quieren ocultar, ignorar y creer que no existe.
Lo digo por las casas que la naturaleza está derrumbando, vengándose de los parásitos que vieron unas bonitas villas en las laderas más vírgenes del lugar.

Lo digo por los perros aullando a las farolas porque no alcanzan a ver la luna. Por los gatos que ya no arriesgan y prefieren morir con las dudas. Por la gente gritando pensando que así llevan más razón. Por las caras largas. Por las luciérnagas apagadas, …

Corre, no podrás huir

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Siempre intentando huir. Evitamos los problemas corriendo, echando la vista a otro lado... ignorándolos. Creemos que así los perdemos de vista. Creemos que así, los problemas se esfuman, se quedan atrás... quedan solucionados. Al tiempo, miramos atrás y no los vemos. Por un instante pensamos que ha funcionado huir. Que de verdad están lo suficientemente atrás para no verlos.
Pero se nos olvida algo importante: mirar hacia delante. En ese preciso instante es cuando entendemos por qué no los habíamos visto. Seguían a nuestro lado. Delante de nuestros ojos, o dentro de ellos. En cada paso que dábamos, en cada zancada, en cada salto o en cada vuelo. Ellos, los problemas, siempre cogiéndonos de la mano. Y nosotros, ilusos, creyendo estar huyendo de ellos. Y nosotros, ilusos, al final lo único que nos queda son ellos. 

¿Y sí...?

A veces uno se cansa de la tristeza. De los lamentos. De los sueños rotos, de las desilusiones, de lo "no conseguido". Del esto me pasa por tonto, o esto por no hacerle caso a no se quién o no se cuán, o qué se yo. Pero si ese presente es pretérito ahora, nada más importa. Nada. Solo el color de ese recuerdo. Y en eso se tiene que quedar; solo en un maldito color más de una paleta de infinitos colores. Allí estará para siempre. Nosotros decidimos cómo utilizarlo: si pintar un bonito cielo gris de una tarde de invierno; o hacerlo directamente sobre nosotros y autolesioarnos.
Y a veces decidimos autolesioarnos una y otra vez. Continuamente. Un martillear constante. Una explosión lenta y dolorosa.  No nos importa nada. A veces, no nos importa ni siquiera dónde está la salida de este túnel. Estamos tan convencidos de que el color gris de nuestra piel es para siempre... Y con la lluvia se diluye. Sí, con simple lluvia. Con la lluvia constante del reloj y la mirada puesta estric…

Espero que sepas contarme bien

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Al volver se encontró el libro abierto sobre la mesa. Aquello solo podía significar una cosa: su sentencia estaba escrita allí. Asustado, temeroso, se acercó al dichosos libro. Una nota al pie de página, y una frase subrayada con un corrector que quemaba los ojos, y más tarde también el corazón.

«La vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.» 

Espero que sepas contarme bien.

Raíles de literatura

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Un tren perdido, cruzando paisajes olvidados, con personas subiendo y bajando, día a día, sin descanso.
El tren perdido, está triste. Por eso busca literatura entre sus pasajeros, ellos le hacen poesía sin saberlo. No necesitan estar leyendo, ni siquiera estar despiertos. Sus sueños alimentan a este tren perdido, que encuentra su destino en el destino de los demás.
El tren, y la literatura, hechos uno. Literatura creada a través de sueños. Y rimándolos va, entrelazando las palabras ajenas para hacerlas un poco suyas, a través de sus raíles cruzados en el infinito. 

Nota suicida

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Ayer encontré una nota suicida en mi cama. Me bastó con entrar en mi habitación para saber que no era una nota cualquiera. No había muerto nadie, ni estaba manchada de sangre y además, estaba escrita en una letra de alguien relativamente cuerdo.
Ni si quiera la había leído aún, cuando ya sabía que aquello debía ser un presagio de un suicidio en silencio. Lo sabía porque el gato no se acercó a mí cuando abrí la puerta. Y ya saben lo que dicen, los animales tienen instinto para saber cuándo va a ocurrir una catástrofe, y él había sido partícipe de una. Además la habitación estaba más gris de lo costumbre. Faltaban esas malditas cortinas rosas que siempre te decía que odiaba.
Y que tanto echo de menos ahora. Porque al fin y al cabo, era tu color sobre mi habitación. Una habitación, en una podrida escala de grises. Me voy de aquí, espero que no eches en falta nada de tu habitación. Pium.

A esta entrada le pondré tu nombre

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Tenemos fácil acceso a las fotos con personas ligera de ropa, con cuerpos atléticos. Sin impurezas, sin granos, sin desperfectos. Con una tripita perfecta, un pecho enorme y unas piernas tan largas que tienden al infinito.
Tenemos fácil acceso a deslumbrarnos con cuerpos así, que parecen sacados de las esculturas de la Antigua Grecia.
Estamos acostumbrados, a verlos en todas partes por la publicidad, por la moda, por las tendencias. Y a veces hasta soñamos con tener esos cuerpos, o tenerlos a nuestro lado de la cama para hacer cualquier cosa, menos dormir. Y si dormimos, que sea para soñarle.
Pues yo, todo lo contrario. Aunque sí que sueño con tener a un cuerpo y una mente al lado de mi cama para hacer cualquier cosa, menos dormir. Y si duermo, que sea para soñarle. Sí. Pero ese cuerpo tiene cosas que la publicidad y la moda llamaría "desperfectos". Aunque a mí me gusta llamarlos rasgos únicos que la hacen perfecta. ¿Qué seríamos sin esos lunares, pecas, arrugas?
Pero e…

La primavera empieza en marzo y acaba al filo de tus dedos

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Dicen que la primavera ha vuelto. Que la naturaleza se viste de colores por las flores, por los pájaros cantando, por los días de Sol. La primavera, que ha vuelto. Por los paseos sin paraguas, sin botas. Por los chaquetones en el armario, las camisetas cortas y las gafas de sol.
Qué duro debe ser cuando se va, ¿no? Quiero decir; la primavera empieza en marzo, claro. Pero al filo de tus dedos es cuando acaba, para mí. En mi primavera hace frío, llueve, e incluso nieva. Pero eso no es lo importante. No. Mi primavera derrota las tormentas, las ventiscas, los rayos, los truenos. Todo.  Porque mi primavera es en sí misma catastrófica, caótica, desastrosa.Un terremoto. Uno pequeño, pero con fuerza suficiente para derrumbar todo a su paso. Haciendo temblar todo lo que a ella le hace tambalearse.
Y llora. Sí. A veces la primavera se cansa de ser primavera y necesita regar. Regar sus flores, sus jardines, sus colores. Para que brillen con más fuerza. Para hacerla más invencible. Más bonita. Má…

Sin título

Decepcionarse. Lo que más duele es que tú seas el decepcionado, y que la razón seas tú mismo. Decepcionas. Decepciono. ¿Me perdonas? ¿Me perdono? ¿Qué es más importante?, ¿estar perdonado o sentirse perdonado?
Dime, ¿qué es más importante? ¿Poder dormir tranquilo durante tres horas u ocho con los nervios a flor de piel?
¿Qué es más importante? ¿Estar perdonado, o sentirse perdonado? Son dudas que nunca deberíamos tener.

No me queda nada

Son las doce de la madrugada, no me queda nada. Naufrago por las calles de la ciudad, teñidas de misterio a causa de una luna llena que los lobos aullarían por ella. De dónde vengo, hacia dónde voy. No me queda nada.Resoplo. El aire resopla, me lo devuelve con una brisa que congela el alma.
No me queda nada. Tan solo soy yo, ni siquiera mi circunstancia. Paso una esquina tras otra creyendo que será la última esquina que pase, pero todas las esquinas pasaron.
Exacto, no me queda nada. Ni siquiera ilusión para seguir creyendo que en la siguiente esquina estará mi salvación. Cruzo una calle más, veo otra esquina. No merecerá la pena, me dije.
Y pasan los años y aún recuerdo esa oportunidad que dejé atrás. ¿Puede que fuese una esquina más? Puede. Pero como el comienzo de nuestra existencia, poco se sabrá con exactitud. Y eso es de lo único que me arrepiento. De no intentar darle la vuelta a todas las esquinas que pude.

Dispara

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Tenía el Sol justo en frente. Lo abrazaba, me achicharraba. ¿Y qué? Nunca había sentido su calor tan cerca. Y estaba nublado, pero era la mañana más soleada de la historia. De verdad. No sé de qué la conocía, ni si quiera estaba seguro de cómo llegué a estar tan cerca. Solo sabía que estaba muerto. Exactamente así resumiría ese día. Fue, el día que reviví muriendo.
Y recuerdo cómo morí. O mejor dicho, cómo me mató. Recuerdo, que una mirada le bastó para dispararme, pero lo soporté, le di el honor de rematarme. Y lo hizo. Pudo matarme en mi curva favorita.
  Su sonrisa.

A mí la noche me confunde

Un día más: te despido, me despido. Sin miradas, sin besos. Con ilusión, con tristeza, con amor. Pero solo eso, palabras. Ante la falta de miradas, de besos, de abrazos, de caricias en la espalda y de esas razones que hacen de la vida bonita, clic: música.
¿Quién tuvo la brillante idea? Me dirijo a mi cuarto, a través de un pasillo oscuro, frío, callado. Como una garganta áspera esperando una gota de agua. Una garganta que desemboca en mi cama. Y la música, me reconforta con su voz:  <<y joder qué guarrada, sin ti>>. Miro al vacío, literalmente. Lo puedo ver, palpar. Esta cama es la pura evidencia de que un paraíso puede dejar de ser paraíso si le quitas un granito de arena.
En este caso, el granito tiene derecho a omitir su diminutivo. Pero no os creáis que es muy grande, el diminutivo se lo quito por cortesía. Nada más. Pues tiene la proporción exacta para que mis brazos puedan abrazarla, esconderla, y  aún así, quedar un trocito de espacio para sus sueños.
Y bien, ¿co…

Colega, vayámonos de aquí

Sonaba Bruce Springteen en la radio. Hacía viento, estaba nublado. O no sé si era el ciego que tenía lo que emborronaba mi vista. No había bebido nada, pero ese amor me dejó con la resaca del siglo. Colega, vayámonos de aquí, le decía a mi compañero, que más que persona era un cuerpo andante que no sabía dónde meterse; tal como yo. Estábamos destrozados.  Teníamos un coche, dos corazones rotos y nada que perder. Había llegado el momento de perdernos nosotros, de dejar la gomina y que sea el viento quien nos amolde el pelo. De colgarnos de cualquiera, de ser dos perros perdidos que no buscan nada porque lo perdieron todo, pero que a la vez buscan un todo que ahora mismo, no sabrían definirlo. El problema es, que hasta para perderse, se necesita saber hacia dónde perderse y lo que quieres encontrar. Pero nosotros habíamos decidido otra cosa. Habíamos decidido que seamos lo que buscan los demás, que nos apunten en la cabeza quien quiera que nos quedemos. Que nos disparen si quieren, ser…

La que llegaba tarde

Estaba destinada a llegar tarde. Siempre. Estaba destinada a ser la última de la cola del supermercado, la última en enterarse de la previsión del tiempo. Pero había aprendido a reírse de ella misma. De su gran desastre animal.  Y claro, estaba acostumbrada a mojarse, pero sabía convivir con ello. Con la tormenta, con la lluvia, con los días raros. A qué iba a temer, ¿a unas gotitas de agua?, ¿ella?, ¿la misma que se enfrenta a sus monstruos día a día y los convierte en compañeros de viaje? No le hagan reír.
O pensándolo mejor, háganlo. Si no lo hace ella antes con sus tonterías, con sus canciones, o con su propia sonrisa. Ella, ya sabéis, la que llega siempre tarde. La que sin querer o queriendo la encuentras al rodear la manzana. Y te alegra. Y sonríes. Y sonríe. Pero dejas que se vaya, esperando, que algún día, llegue y se quede, aunque sea para tomarse un café, de esos que le gustan tanto; calentito, amargo, acompañado de la cita celebre del sobrecito de azúcar. Y tarde, como sie…

¿Qué es lo que más te gusta de la música?

¿Qué es lo que más te gusta de la música? Me preguntaron. Me bastaba con poner una canción de mi reproductor y decir: esto. Más vale cinco segundos de plena música que cien mil palabras.
¿Qué es lo que más me gusta de la música? ¿Por dónde podría empezar? Y lo que más me corroe: cuándo podría acabar.
Después de meditarlo concienzudamente, decidí empezar por donde empiezo todos los días: la cama.
Es por la mañana. Un pájaro comienza a colorear de cálidos colores la húmeda madrugada. Se escucha una alarma. Es la quinta sinfonía de Beethoven. No sé si levantarme y darme una ducha, o vestirme, salir de casa dando un portazo, y conquistar el mundo. Aunque mi cuerpo sigue recordándome a Mecano: hoy no me puedo levantar.

   ¿Qué hago?

Iré a darme una ducha. La mejor sala de conciertos de la casa. Qué maravilla. ¿Es Pavarotti quien se está duchando? No me insulte. Es música en extremo puro: improvisación, bostezo, gallo. Qué más da, qué más da, eres Freddie Mercury, eres John Lennon, eres …

¿Recuerdas?

Jugábamos a los médicos en la esquina del patio del colegio para que la maestra no nos pillara. Teníamos cinco años, y nos estábamos dando clase de anatomía humana. Si fuéramos gatos, ya habríamos muerto por curiosos. Pero felices, joder, muy felices.
Tú me cogías de la mano, supongo que por puro instinto. Yo, sin saber mucho por qué, me dejaba. Quizá fue por esa sonrisa que te sacaba cada vez que lo hacía, quizá, solo quizá. Era solo un trocito de carne andante, quién sabe lo que llegaba a pensar.
Recuerdo que todos los niños se reían de mí; ya saben, las niñas son cosa rara a esa edad: les gustan el rosa, la purpurina, las mariposas y jugar a mamás y papás. Un rollo. ¿A que?, ¿A que?
Pero yo me atreví a ser tu conejillo de indias, y no había algo mejor que hacer en ese momento para perder el tiempo. Nos dábamos la mano, me dabas un beso. ¿Qué es eso? No sé, he visto que mamá y papá lo hacen. Me decías guapo, mirubiopreferido, me acariciabas el pelo como mi mamá lo hacía. Yo me …

No se ponga celoso, Horacio

Oh, Maga. Tú, que hacías magia sin creer en ella. Tú, que me hacías volar sin alas. ¿Dónde te escondes ahora? Mi brújula señala el norte, pero no me orienta hacia ti. Naufrago desde que desapareciste a orillas de una soledad fría, tétrica. Amarga. ¿Y el cielo? ¿Y las estrellas? ¿Por qué no te orientas a través de ellas? Maga, qué es cielo, qué son estrellas, si no encuentro mi Estrella Polar: Tú. Por ello, sin ti, me siento perdido. Y te echo de menos. Y por eso te escribo. ¿Dónde está el cafecito que calienta nuestro invierno? ¿Dónde están esos pies fríos que buscan un cálido nido? ¿Y los días soleados? ¿Y las flores? Maga, dónde está la primavera, los abrazos, los besos que colorean el oscuro invierno. Te fuiste, y te llevaste el único pedacito de mi vida que consideraba Vida. Es de noche. Mientras te escribo llueve afuera, y un poquito también adentro. Llueve por ti, Maga. Hasta la cama nota tu ausencia. Y me pregunta, Maga. Y me pregunta dónde carajo se ha metido la Maga que hacía …

Lo que dejamos en el aire

Pasan los días, y solo recuerdo con cierto sabor amargo las cosas que dejé a medias. Como ese café que solté por llegar tarde, ese atardecer que no terminé de ver por la manía de ir corriendo y no andando, o esa mirada que decía a mis labios que te besara. Y la dejé escapar. Normal, solo había aprendido a leer letras en aquel entonces.
Recuerdo el día que aprendí a leer entre líneas, entre miradas, cuando alguien me dijo todo, y yo solo vi palabras bonitas y sonrisas sinceras, una buenaamiga, me decía a mí mismo.
Inocente.
Y como siempre, cuando aprendí, ya era demasiado tarde. Estábamos igual de cerca, aunque un poco ausentes, y con las miradas en otro sitio. Habíamos perdido la oportunidad, no se podía volver atrás. Ni queríamos. Eramos bien felices. Como ahora. O eso es lo que me dice tu mirada alegre.
Oye, y quién sabe, quizá sea esa mirada de aquel lugar, con esa canción en azul sostenido menor de la que hablé antes, la que dejé escapar. Quién sabe.
Y a quién le importa.

No sé. Estoy jodido

Un mes y no sé cuantos días sin escribir.  Aunque no sé para qué he vuelto, ni de qué hablar(me) exactamente. No sé si hablar de la música aburrida que suena de fondo, de ese blues apagado, de esa voz en azul sostenido menor que entristece a los payasos; no sé. No sé si de las manos frías, de las bocas calientes o del aire tan seco que emerge de una ventana abierta tan húmeda. No sé si de las estrellas que hacen al cielo más cielo o de las que acercan la tierra al cielo. No sé si de las colillas que piso al caminar o de los cigarrillos que me topo al pasar. Cigarrillos rozando bocas que envejecen por puro vicio. Humo que enrojecen a ojos que ven, pero que no sienten.
No sé si hablar de todas las miradas que pasaron y que se podrían haber quedado esa noche. No sé si de las miradas, de la mirada, de la que me hizo perder los nervios, de la que no quería escapar pero a la vez estaba huyendo. De la que quizá no vuelva a ver como esa noche. Esa noche tan azul sostenido menor, y esa mirada…