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Mostrando entradas de septiembre, 2013

¿Sigues o persigues?

No tengo ni puta idea de qué digo cuando hablo de lo que "es" la vida. Pero al parecer, una gran mayoría sí que sabe, con toda inocente plenitud, de qué habla.
Siguiendo a un pequeño sector de esa gran mayoría, la vida es de todo, menos vida. Un camino empeñado en demostrar que tu lugar no está en la Tierra. A menos que no sea bajo tres metros de ella, mientras los gusanos devoran lentamente cada rasguño de tu cuerpo, ya en descomposición. Y es ahí donde todo se une. Cuando un cuerpo muere, y a la vez nace. La materia no se crea ni se destruye, se transforma. Lo que un día fue una vida innecesaria de humano: piel y hueso. Ahora, abono de flores, plantas; vida nueva, completan este ciclo, triste o alegremente, vital.
Para otros, la vida no es más que moco de pavo. Un chiste. Un chasquido. Un soplido. Vive hoy, mañana puede que sea demasiado tarde.
La vida es todo lo que quieres que sea. Menos lo que realmente deseas que fuese. La vida no se define en el diccionario de la R…

Cómo hacer música sin música, sin ser música.

Te querías morir en aquel verano. En ese desastroso verano, de aquel jodido invierno emocional. Tú planeando quitarte la vida. Yo planeando quitarte la ropa. Así funcionaban las cosas en aquel verano.
No era nada personal, solo quería conocerte más. Quería ver cómo te quedaba ese traje que escondías entre la ropa. Ese traje color carne a juego con tus ojos miel, caramelo, marrones, crema, o vete tú a saber de qué color eran esos dichosos ojos que me convertían en lobo, aullando por su luna. El caso es que hacían una combinación apoteósica. Como un café y un blues, o un blues y un café. Como un piano y un saxofón. Como una canción con música.
Porque todas las líneas musicales de tu silueta resolvían en una cadencia perfecta. Y un Sol-do, a tu lado quedaba vacío. Y en una redundante nota, eras capaz de decir todo lo que un músico de bote diría en toda su vida.
Tenías el poder de hacer música sin música, sin ser música.

Busco princesa

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De hecho, lo de "princesa" dejó de ser un tierno adjetivo en el mismo instante en que me di cuenta que el mundo, no lo habíamos creado tan bien como lo habían hecho las películas de Disney. Las princesas no son perfectas, ni los reyes viven en castillos (aunque sí que viven a gusto...). Y Así es como destruí esos prototipos de mierda, empezando a crear mi propia república. Digo.. mundo.  Y quién necesita buscar a personas que cumplen el estereotipo universal, absolutamente perfecto, si puedes encontrar a personas que podrían crear el verdadero prototipo de lo que es "lo ideal". Y lo ideal, no es otra cosa que alguien con la magia suficiente para transformarse en tu nueva religión. 
De esta forma, es como perdí la fe en Dios, y la encontré en ti.


El día que decidí escribir sin palabras.