Océano de sonidos

El verano gira a una velocidad voraz. Se despide el estrés de la rutina laboral, para dar la bienvenida al estrés de las llamadas vacaciones. Coches, ruidos, aglomeraciones; prisa. Sobre todo prisa. Manchamos la playa, el mar se revuelve, ¿qué pensarán los habitantes de los océanos, cuando invadimos su mundo?

Nadie los escucha. Pero el océano nos dice algo. Las olas acarician bahías tiernas sin la presencia del humano. Los peces, las medusas, las algas. Todo ser que habita allí vive por inercia. La vida pasa sin temor, las corrientes agitan un poco sus vidas, pero el sonido de la pureza les vuelve a tranquilizar.

Solo una cosa temen. Chapoteos, motores, lanchas pasando a velocidades de vértigo, gritos, miles de toneladas de basura caen al mar, a su mundo, a su pequeño y a la vez enorme, rincón de este planeta. La paz se agita, ni una tormenta podría interrumpirla tan bruscamente. Y de repente, el océano calla.

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