El ocaso de los ídolos o cómo gobernar a mamporrazos

Supongamos que usted toca el piano. O el violín, o la guitarra, o el chelo. O incluso, la trompeta, en la banda pueblerina que acompaña las comparsas de las fiestas locales. En fin, que toca un instrumento. Y tras esto, por tocarlo/saberse dos notas, decide usted, cómo no iba a ser menos, ponerse el título de músico.

Ahora bien, imagine que todos se lo creen. Sabe usted utilizar la palabra como ese poderoso dictador alemán. Tal es ese poder que posee, que no necesitan comprobar la veracidad de esas maravillosas palabras, ni los fines que ellas esconden en su trasfondo, las cuales describen dedos rápidos y fuertes, tocando las más bellas melodías.

Su palabra llega tan lejos como su mentira. Y ahora se encuentra en un escenario inmenso. El prestigio alcanzado es nacional, y todos han decidido comprobar la grandiosidad de esos dedos prodigiosos. El público grita su nombre, zarandea carteles donde hay frases de verdaderos fans, la gran masa reclama tu nombre a gritos. Eres el líder de una mayoría deseosa de nuevas sensaciones. Deseosa de ver que alguien, por fin, va a teñir sus vidas de un color nuevo.
Mientras tanto, sonríes. El marrón en el que te has metido ha sido bien gordo. Pero con el dinero de las entradas, tu cartera sí que ha engordado, así que… ¿De qué preocuparse? <<Reíros, reíros de mí, enfadaros, pero soy yo el que se ha quedado con el dinero de vuestros bolsillos por esta porquería que escucháis. >>
Lo que iba a ser el boom del siglo XXI, la antítesis ante las duras críticas que está recibiendo la música de nuestro día, se ha convertido en la mayor decepción del siglo. Ahora nadie sabe si llorar, pegarle, o reírse. El caso es que han sido manipulados, engañados y robados con la máxima facilidad del mundo.
Y el problema, amigos míos, no es solo del estafador, del ruin que manipula para llegar a su fin. No. En gran medida, el problema está en quien confía que todo aquel que toca un instrumento, es músico.


Y todo esto, me recuerda a las personas que gobiernan, vete usted a saber por qué…


Comentarios

  1. Analogía precisa, cuántos no damos la medida de las expectativas de otros, en cualquier actividad.

    PTB

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