Dulce

Dulce, entrañable, testadura. Impaciente, tolerante, menos de lo intolerante. Frágil como una pluma, fuerte como un diamante. Podrás arañarla, pero no matarla. Quiere y no puede, puede y no quiere; como todos algo caprichosa, como todos algo perezosa. Como nadie, me marca una sonrisa, con su exclusiva presencia. Canta para soñar, no para asombrar, porque nada mejor que ser por placer, y no para complacer.
La rutina le abate, las ganas de morir renacen cada vez que señora Realidad le da un pinchazo. Los que hay a su alrededor les maltrata. No es algo físico, es todo por culpa de lo vacío que se encuentra todo. Pero y qué, y qué... Un pez no muere por alejarse un poco del agua que le da vida. Solo aprende a valorar algo tan sencillo como el respirar. Y ella no es la excepción. Quizá no todo se haga con una sonrisa, pero sí con cierta alegría. Aunque la ilusión algo tocada para no ser golpeada con más fuerza, son solo cuestiones para prevenir. En el interior siempre se esconde a una niña con los sueños más tiernos y esperanzados del mundo. Porque sé que en el fondo eres una tierna niña, madura, con sueños y pesadillas que le atemoriza. Pero de las pesadillas siempre se saca algo bueno. Y si no, alguien le intenta enseñar a usar sus alas. Y si ese alguien está volando demasiado alto, ella sabe controlar su vuelo.
Quizá no sea la emprendedora millonaria que busca la sociedad. Ni la extrovertida que todos buscan en la fiesta de turno. Quizá no tenga el talento de transformar la roca en oro. Pero tiene la facultad de transformar el polvo, en polvo de estrella. Al menos a mi lado, ella hace magia. Porque solo los privilegiados saben de su cariño, de su lado más cálido, divertido y espontaneo. Un gélido glacial no solo es lo que se observa exteriormente. Existe más debajo del mar, y una minoría se para a pensarlo. Es más fácil encontrarse con todo ya hecho. Pero qué más da, pocos sabrían apreciarlo. Y es normal, las mejores cosas de la vida son pequeñas o están escondidas para ser encontradas por un selecto grupo.
Con aspecto sencillo, con unos ojos como pantallas de cine que la describen como nadie más puede. Y sobre y ante todo, un pequeño terremoto. Que hará padecer Parkinson al que esté cerca de ella, porque hace temblar. Y tú eliges que ese temblor sea por sus dagas de hielo, o por su corazón de fuego. Pero que sepas que con un talonario no se compra ni se vende. Que

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