El Sol se apaga, los deseos enloquecen.

El Sol se apaga y con él se van nuevas esperanzas. Así que guardo los kilómetros que no he recorrido hoy para poder hacerlos sobre tu piel quebrada, sedienta de deseos. Con poca luz y un poco de frío, para cogernos con ganas. Para pasar calor entre caricias en la espalda. Para sonrojarnos con el calor de nuestro apetito.

Y el Sol se apaga, las esperanzas se van, y nuestros deseos se agitan más y más. Andando, corriendo, volando. Con un chasquido teletransportado en el regazo de tu pecho. Sonrío, cierro los ojos… Y desaparecidos en el Edén. 

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