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Mostrando entradas de junio, 2013

Y si te ríes, merece la pena.

Un paseo hacia el valle de la nada. Una conversación fría que hiela océanos. Unas caras raras, agrias, cansadas, aburridas. Como las frías palabras, el tiempo se atrasa y el viento se convierte en gélido aire invernal. Y eso es lo que le separan a estos dos cuerpos calientes en mitad de la Antártida. Un conductor que los una haría convertir inviernos en infiernos. Pero al igual que el carbón tarda milenios en convertirse en diamante, esta reliquia de conductor no se construye con nada que el materialismo pueda crear. Y este conductor, no se fabrica con otra cosa que con dos manos, dos corazones y dos amores que se transforman en uno, enorme, gigante e irrompible.  Tan irrompible, tan tierno, como una carcajada. Un frasco de agua ardiente en el hielo, un frasco de agua congelada en el desierto. Y así, si te ríes, morir mereció la pena. Si te ríes, yo lo dejo todo, pero ríete, para tener razones para morirme a tus pies.

¿Y tú?

Que me callo. Que grito. Que ando. Que corro. Que vuelo, que salto. ¿Suficiente? ¿Te apetece? ¿Me apetece? ¿Te apetezco? ¿Me apeteces? ¿Sí?
Que te calles, que grites. Que andes, que corras. Que beses, que saltes. Pero no dejes de mirarme. ¿Suficiente? ¿Te apetece? ¿Me apetece? ¿Te apetezco? ¿Me apeteces? ¿Sí? ¿No lo sabes? Yo tampoco lo sé. Tampoco sé ni eso, ni esto, ni lo otro. No sé nada. Tan solo quiero que sepas que callo, que grito, que ando, que corro, que vuelo, que salto, que corro. Mirándote. Y besar no, porque los ojos buscan oscuridad. ¿A podido alguien mirar al Sol sin quemarse los ojos? 

Yo tampoco.

El Sol se apaga, los deseos enloquecen.

El Sol se apaga y con él se van nuevas esperanzas. Así que guardo los kilómetros que no he recorrido hoy para poder hacerlos sobre tu piel quebrada, sedienta de deseos. Con poca luz y un poco de frío, para cogernos con ganas. Para pasar calor entre caricias en la espalda. Para sonrojarnos con el calor de nuestro apetito.
Y el Sol se apaga, las esperanzas se van, y nuestros deseos se agitan más y más. Andando, corriendo, volando. Con un chasquido teletransportado en el regazo de tu pecho. Sonrío, cierro los ojos… Y desaparecidos en el Edén.

Vivir soñando. Soñar viviendo.

Derrumbado en la playa, intentando marear su mente a orillas de aguas cristalinas. Una brisa inspiradora contra los rayos de Sol venidos del mismo averno. Una libreta y un lápiz escriben el arte más puro que alguien podría hacer, quizá relatando algo que el dinero no entendería jamás. Pero salvado del mundo durante cuatro efímeros minutos.  Su vida es sueño porque sueña, no porque tenga la vida que siempre había soñado. De hecho había tenido miles de sueños, pero nunca escribió cómo tendría que ser su vida. Mientras pudiera vivir, y no sobrevivir.

La culpa, amigos, la culpa siempre es de los demas.

Los niños negritos no comen. No... No comen. Sus madres Tienen los ojos sepultados en tumbas vivas, en cauces de ríos de lágrimas secas, con barrigas preñadas de muerte. La esperanza de vida está por debajo de un año, me cago en mi puta vida entonces.Se trafica. Sí... Se trafica con armas, con drogas, con hombres, con mujeres, con niños, con vidas, con ideologías, con internet, con política, con poder, con sueños. Con meterte el miedo en el cuerpo.
  Cada mañana... cada mañana me miro en el espejo y lo que veo no me gusta. Y entonces, en vez de comerme mi mierda fresca, te jodo a ti, te jodo a ti, te jodo a ti... Y te jodo a ti. ¿Por qué? Porque la culpa, amigos, la culpa siempre, es de los demás. Y la enfermedad se llama vivamos de los demás porque no tengo cojones ni sangre para vivir la mía. Tengo goteras en mi casa, goteras en mi curro, goteras en mi corazón. De las goteras de mi cabeza os hablo otro día porque ahora quiero dormir. Cuando duermo no pienso...
  Yo solo quiero volver,…