Tres tristes tigres.

El viento, el Sol, Nosotros. Cruzamos la calle. Nos quema el viento, nos congela el Sol. Hasta las sensaciones son relativas. Se puede confundir una risa por un llanto, pero no un llanto por una carcajada. Podemos creer todo y no saber nada. Cada palabra que decimos es relativa. Te quiero. Puede sonar lo más bello, si se pronuncia a quien se debe. Te quiero. Puede sonar lo más áspero que hemos escuchado en nuestra vida.
Las palabras no importan. Las palabras no son nada, si no es alguien, quien las dice. Y todos podemos ser ese alguien, de otro Alguien. Porque todos somos insignificantes para el mundo, pero podemos llegar a ser lo más importante para otros mundos. Mundos pequeños, que caben en cada mente de uno de nosotros.

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