La Tuya...

Tengo regalos olvidados más caros que los que tú y yo pudiésemos comprar. Relojes, anillos, cadenas de oro, y un infinito de demás mierda innecesaria, cara y, sobre todo, fácil de conseguir. Tan fácil como pagando con dinero; hasta el más miserable es capaz de hacerlo. Y es que el recuerdo no se paga ni se vende con dinero. Y es que Tú, me regalas el cielo con un beso.

No es por dinero, ni por tiempo, es por amor y necesidad. Sueño, y vivo en una mansión, envidia tendría el señor de la mansión Playboy si supiera de nuestra imaginación. Sueño, y de repente duermo y desaparezco. Porque despierto se sueña mejor, cuando estoy a tu lado… Pues todo lo demás me cabrea, enfurece, destroza o me mata.

El sueño de un soñador muerto por lo que le rodea. El sueño de un soñador tú eres. Porque no necesitas dar el cielo, dando tus besos. Porque eres cielo pisando tierra y eres sueño tanto despierta como dormida. Eres cielo, luz y algo que ha iluminado mi vida. Y vida, completa contigo. Mi vida no necesita nada más porque solo eres tú. Mi vida… te quiero.

Y qué importa si los sueños no se cumplen si nos amamos y seguimos agarrados de la mano. Qué importa el tiempo, la materia o el esfuerzo, si todo fluye así de fácil. Donde duele inspira, dice una canción. Pero más inspiras tú, señorita dulzura sencilla. Más inspira tu cintura, tu saliva, tu ternura. Más inspira tu olor, tus caricias. Más inspiras tú, señorita dulzura sencilla...
Mis lágrimas se desvanecen. Eres el desierto de mi desesperación, y el oasis de mi inspiración. Maldita, dulzura, la tuya…

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