Deslúmbrame, joder

Me apetece reír. Me apetece nada. Me apetece llorar. Llorar de la impotencia del silencio de la noche lluviosa de un domingo de un cuatro de noviembre de un año cualquiera de mi vida o de la tuya. 
Me apetece gritar. Gritar a los cuatro No, Mil vientos que te quiero, que te amo, que eres mi amor, que quiero un abrazo, un beso, una caricia, una mirada y un susurro para erizarme cada vello de mi cuerpo. 
Me apetece andar. Correr. Saltar. Volar donde estés, llegar a tu habitación dando un soplido haciéndole un chiste a toda la física descubierta hasta los días.
Me apetece tu pelo. Tu cara. Tu Sonrisa, tu risa, tu alegría.
Me apetece tu mirada aterciopelada. 
Me apeteces. Me apetece tu silueta, tus curvas, tus brazos y otro abrazo.
Me apeteces. Me apeteces tú, y solamente tú porque me desgasta no ver cada parte de tu bonita melodía que me desprendes día a día.

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