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Mostrando entradas de noviembre, 2012

De casualidad todo encaja.

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El verbo tranquilizar todo el mundo lo conjuga genial. Pero a veces pasa que la mente cree saber más que lo que el corazón puede albergar. 

Humedad en el desierto

Un niño en pijama un domingo, jugando a ser libre con una pelota en el jardín...
Un adolescente un lunes jugando a esconderse en suemepetrés...  Una fragilidad inmune que me hace perder. En el borde de un acantilado, se colorea libertad, un paso en vano al borde del precipicio no es siquiera un principio. Es teñir de color blanco un punto, de una esquina, del infinito universo. Es intentar borrar diez sonrisas por una simple lágrima, en un amor. Un amor verdadero, y no de película, de artificial penuria. Porque ni las películas son tan bonitas, ni tan bonitas son esas escenas, si las vives y no imitas cien millones de dólares. Ni imitar te llena, ni comprando se vende lo que tú sientes, aunque el cristal opaco de tu mente piensa que la originalidad se vende por un billete.  Perderme en tu mente es lo que necesita mi mente. Sumergirme en tu sublime mundo y perderme en el olvido. Ser tu cuerpo quien dirija mi camino y no el concienzudo alarde a una vida más ejemplar, más alegre y más ma…

Deslúmbrame, joder

Me apetece reír. Me apetece nada. Me apetece llorar. Llorar de la impotencia del silencio de la noche lluviosa de un domingo de un cuatro de noviembre de un año cualquiera de mi vida o de la tuya. 
Me apetece gritar. Gritar a los cuatro No, Mil vientos que te quiero, que te amo, que eres mi amor, que quiero un abrazo, un beso, una caricia, una mirada y un susurro para erizarme cada vello de mi cuerpo. 
Me apetece andar. Correr. Saltar. Volar donde estés, llegar a tu habitación dando un soplido haciéndole un chiste a toda la física descubierta hasta los días.
Me apetece tu pelo. Tu cara. Tu Sonrisa, tu risa, tu alegría.
Me apetece tu mirada aterciopelada. 
Me apeteces. Me apetece tu silueta, tus curvas, tus brazos y otro abrazo.
Me apeteces. Me apeteces tú, y solamente tú porque me desgasta no ver cada parte de tu bonita melodía que me desprendes día a día.

Nada más.

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Muchos viven para asegurarse el cielo después de la muerte, incluso se aferrarán a no hacernunca jamásesa lista de frases llamadaspecados,limitando su línea de placeres y experiencias. Convirtiendo la vida en una estructura cuadrada y limitada.
Muchos van a disfrutar de ese soloteóricoCielo. Yo tengo, y no de posesión, aElla...
Y no necesito... Nada. Nada más.