La vida, arte

Nuestra vida la deberíamos de componer como un pintor da vida a su arte en el lienzo.

La esencia, lo importante de la obra, con colores robustos y claros, que denotan importancia y eternidad, que un diluvio no los haga ni temblar. Las sombras, trazos ligeros, como las acuarelas, que sintiendo su presencia, pero con una difuminad que una pequeña lágrima de alegría la haría desaparecer.  Las emociones fuertes, que sean con colores vivos, para añadirles un toque alegre, que sienta el mundo que podemos con él. Que sea nosotros quien pisoteemos su fuerte tempestad.

Vivos, muertos, alegres, tristes. Los colores tienen su esencia, y en todo cuadro-vida es necesaria toda la gama de colores para vivir en su plenitud. Nos nutrimos de lo que somos, de lo que hacemos, de lo que nos pasa. Y de nada sirve tener una alegre sonrisa. Seremos muñequitos de trapo en un pequeño chaparrón.

Claro, sencillo, abstracto, cuadrado, ovalado, indirecto, directo. Cualquier estilo y forma es perfecta si la marcamos por nosotros mismos poniéndole nuestro sello que las diferencien de toda obra que pueda existir. Aunque sin querer nos toparemos con coincidencias, y no plagios, si nos guiamos por nuestro corazón. Coincidencias totalmente agradables, pues indica que mundos interiores son semejantes, aunque el exterior sea totalmente diferente.
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