Ganando pérdidas. Ganando poder.

Todas estas palabras se las debo al hombre que me ha inspirado, Albert Espinosa con su Mundo Amarillo. Que a decir verdad no he acabado de leer, pero suficiente he tenido para desteñir el blanco de esta página. Centrarme en, concretamente, el tema de las pérdidas.
Las pérdidas, en cualquier contexto. La pérdida de un ser querido; de un objeto material que dejó de servir; de una amputación de algún miembro.
Toda pérdida tiene un mayor calibre, pues evidentemente no es lo mismo que nuestro televisor se rompa (les pongo esa caja hipnotizadora de ejemplo para que sintáis empatía), a que alguien que sintamos cariño desaparezca de nuestras vidas. Pero el proceso de esa pérdida, es exactamente igual. Hay que sufrir por ella, pero hay que hacerlo bien, hay que pensar en ella, desahogarse en llantos. Los ojos son nuestros limpiaparabrisas privados y públicos.
En un tiempo corto, ese sufrimiento, se transformará en una sensación de limpieza, pues todo lo que teníamos que pensar, que sufrir por dicha pérdida lo hemos hecho. Ya solo nos quedamos con sus ganancias. 
Cualquier pérdida tiene su lado positivo, y con ello es con lo que hay que quedarse. De una pérdida de un ser querido, se queda en un bonito recuerdo vivo, persistente e inamovible, pues apuesto a que si pudiera decirnos esa pérdida algo, sería: ¡Deja de darme importancia, disfruta de las bellas melodías que puedes contemplar y de las que te quedan por oír, Sé libre con tu felicidad, y deja de condicionarte!

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